Convinimos en que lo pasaría a
buscar y saldríamos juntas para que él me presentara a sus amigos, todos habitués del
lugar. Previo a la salida, le pedí que me dejara "montarme" en su casa y que me
maquillara. Claro, en eso, es un experto. Por primera vez no hubo la menor sombra de barba
en mi cara.
Cuando llegamos, y antes de cambiarse y ponerse el
traje para el show, me presentó a dos amigos con quiénes nos sentamos en un apartado
sofá y nos quedamos charlando. La música era "super-onda-moderna", pero yo no
sé bailar, de manera que estaba en "inferioridad de condiciones". Poco a poco
fuí conociendo a otros amigos, con quiénes también nos quedábamos charlando. Vino la
hora del show, en el que había tres o cuatro lindos chicos y luego de finalizado, todo
volvió a la normalidad, salvo que ahora, y durante un buen rato, la música que sonaba
era suave y melódica. Entonces sí pude bailar un ratito.
Uno de los chicos (o chicas, mejor dicho) empezó a
besarme en la oreja mientras bailábamos muy apretaditas y sentí que se me aflojaban las
piernas por lo bien que lo hacía. Nos fuimos acercando hacia un costado de la pista y
antes de salir de ella me dió un beso en la boca que me mató. Me tomó suavemente de la
mano y me condujo hasta un sofá cercano donde nos sentamos solas y seguimos besándonos
apasionadamente. Cuando no pude más acerqué mi mano hacia su miembro y ante mi sorpresa
pareció ser enorme de grande. Lo miré a los ojos y le dije... "Yo quiero eso,
quiero hacerte el amor y que me penetres con esa cosa descomunal". Él se sonrió,
acarició mi miembro y asintió, al tiempo que me dijo que sería reciproco ;
esperaríamos un ratito más hasta que volviera su pareja para avisarle que nos iríamos a
su departamento.
Diez minutos después, como no aparecía, se
levantó y fué a avisarle a su pareja, a quién no ví, que nos íbamos.
Salimos y nos dirigimos a su depto,. en la calle
Ecuador y Paraguay. Subimos al 6º piso y ya en el ascensor estábamos abrazados como dos
víboras. Llegamos a duras penas a la cama y cuando nos quitamos la ropa pude ver con
sorpresa que el monstruoso miembro era un consolodor colocado sobre el pene, es decir
hueco, porque la realidad era que el auténtico era minúsculo. No me reí porque lo iba a
ofender e hice caso omiso del asunto. Se la chupé, le mamé los huevos y el culo mientras
el hacía lo mismo conmigo. Se la puse yo primero, porque así se dió, y mientras
estábamos en pleno goce me pareció oir un ruido suave de puerta, pero no le dí
importancia. Estaba montado sobre él, que estaba boca abajo y de repente sentí una
lengua en mi ano. Me dí vuelta y ví a un muchacho que no había visto en Morocco.
Alberto (o mejor dicho Dorita), sin dejar de moverse y gozar me dijo entre jadeos que era
su pareja. "¡Qué lindo es!"...le dije, y continuamos los tres.
Al rato habíamos hecho de todo y cambiado todas las
posiciones. Nos quedamos tendidos, abrazados, besándonos y acariciándonos tiernamente
Dorita me volvió a penetrar (con el consolador por supuesto) y empecé a jadear y gozar
nuevamente porque eran realmente muy delicados y me estaban haciendo sentir muy bien.
Tomé el miembro de su pareja para chupárselo, pero suavemente me lo impidió, nos dió
vuelta, de manera que yo quedé arriba con la espalda hacia el techo, se puso encima y
comenzó a tratar de metérmela también. "Trabajó" bastante y no lo llogró
porque la posición lo impedía. Me saqué a Dorita momentáneamente, me incorporé de
rodillas en la cama, me volví a meter a Dorita un poquito, como dejando espacio para otro
cuerpo y le pedí que ahora sí me penetrara también. Cuando sentí la otra cabeza,
enorme pero verdadera, creí que me iba a desmayar. Apenas entró un poquitito empezamos
lentamente a tratar de hacerlas entrar lo más posible. Ellos dos parecían
contorsionistas y yo estaba "chocha" encima de ellos "a caballito".
Muy de a poco entraron completamente las dos y cuando estuvieron bien adentro les pedí
que no se movieran al mismo tiempo sino alternadamente, de manera que la sensación era
extrañísima; sentía que salía al mismo tiempo que entraba.
Como antes habíamos acabado, ahora la cosa resulto
mucho más lenta y duró como media hora. ¡Dios mio, como gocé! Al terminar quedamos los
tres abrazados muy apretados en esa misma posición y nos dormimos un ratito. Cuando
despertamos, nos levantamos entre mas besos y caricias, ayudaron a arreglar mi maquillaje
y me volví a casa de Luis a cambiarme. Era de día y sin embargo nada me importaba.
Mientras me cambiaba Luis me hacía bromas en
relación a mi "aventurilla" y lo que pasaría conmigo cuando se corriera la voz
de lo que había sido esa noche. ¡Ojalá sea cierto!... ¡Había tantos hombres hermosos
allí!. Los quisiera a todos para mí solita.
Un besito y hasta otra
Marcela