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La Fiesta
de los
Mecánicos

Hace unos meses conocí a Germán, un hombre que describiré de la siguiente manera: maduro, (61 años), muy culto, verdaderamente alto (1.87), más de 90 kilos, elegante y de aspecto muy serio y refinado.

Él supo de mí, de mi sexualidad femenina y de lo "loca" que puedo llegar a ser por una "amiga" (cross-dresser como yo) que me presta ropa y me ayuda a maquillarme. Parece ser que hacía mucho que quería conocerme pero Karla no se atrevía a presentarnos por miedo a que me reconociera. Quizá deba aclarar que mi rostro es muy conocido en los medios, sobre todo para personas con más de cuarenta años. Al final la convenció de su seriedad y de que él mismo debía ser muy cuidadoso, lo que hizo que nos citáramos por primera vez en el depto. de Karla, donde lo esperé ya "transformada" en toda una "potra" bien sexy, una prostituta pero en medio de todo, elegante.

Karla tuvo el buen tino de dejarnos solos. Previamente la muy "turrita" había preparado el ambiente del living con una luz de velador muy tenue y prendido la chimenea. Clima especial para el "romance". En el medio de una franela que nos calentó muchísimo, empecé a decirle en el oído, metiéndole la lengua, todas las "perversidades" que quería que me hiciera. Y parecía que eran órdenes: a todo respondía de inmediato.

Lo cierto es que Germán, no solo tiene grande el cuerpo sino que es muy proporcionado, de manera que su miembro apareció enorme, para mi gran satisfacción. Reconozco que me cogió muy bien. Estuve llena de su aparato y al final de su semen. Cuando terminamos, jadeantes, mi calentura seguía como siempre, al máximo. Empecé a decirle que quería más y que cuanto más puta, más reventada me hiciera sentir mejor lo pasaría yo y como consecuencia lo haría gozar más a él.

Me prometió que, si yo estaba dispuesta a "seguirlo" me daría una sorpresa. Le respondí asintiendo, le dije que le pertenecería por completo y que "programara" conmigo todo lo que imaginara. Me propuso ser mi "cafishio". "...te voy a hacer trabajar para mí, voy a conseguirte machos que paguen por vos y estoy seguro de que nadie te va a hacer sentir eso que tanto querés, ser una verdadera prostituta barata, mejor que yo..." Estaba como loca de alegría por el proyecto. Quedamos en encontrarnos a la semana y antes de irse me pidió que me ropa muy de puta, que estuviera como una callejera, que eso era lo que necesitaba.

Fué el siguiente jueves. Conseguí que me prestaran ropa de "yiro" y Karla me maquilló como una puerta. Germán me llevó con él en su auto hacia el Gran Buenos Aires, más precisamente a Lomas del Mirador donde tiene el taller de su concesionaria de automóviles. Llegamos a las seis y media de la tarde. El taller estaba ya cerrado y había armado una "fiesta" (asado incluído) con algunos de los mecánicos. Me explicó que cada uno de ellos tenía que pagarme antes de hacer nada y que no dejara de cobrarles porque si no lo hacía, la plata saldría de mi propio bolsillo. No podía cobrarles caro, sino al contrario, bien baratito, porque tenían poca plata.

Entramos y antes de irse a su oficina privada en el taller hizo mi "presentación" : "...prometí y cumplo. Aquí la tienen. Está para que la gasten...". Los cuatro que allí estaban se me acercaron y empezaron a tocarme y a decirme las mas groseras obscenidades. Me tenían apretada entre ellos, me ensuciaban la ropa con la grasa de sus manos y estaban sucios y con el natural olor a sudor de los que trabajan. Por fin, mientras uno me dió un beso de lengua tomándome de tal manera por el cuello que no podía ni moverme, otro me bajó de un tirón la minifalda y la pequeña tanguita metió sus dedos en mi culo.

Para no hacerla demasiado larga: me pagaron entre 5 y 15 pesos y me cogieron y re-cogieron cuantas veces quisieron. Chupé sus pijas y me acabaron varias veces en la boca haciéndome tragar su semen. Pero no terminaron allí. Me ataron de pies y manos con una cadena del aparejo que colgaba del techo, me levantaron en el aire de manera que mis pies no tocaran el suelo, abrieron mis piernas lo más que pudieron y las sujetaron a dos columnas. Así colgada, en el aire volvieron a cogerme y meterme sus miembros en la boca, uno por uno, mientras tomaban vino y comían el asado. Cuando terminaron con la "fiesta" se fueron yendo luego de saludar y agradecer a Germán.

Pero me habían dejado colgada. Germán salió de su oficina, de paró riendo delante mío y, sin dejar de hacerlo colocó una botella de vino vacía debajo de donde yo estaba. Sin soltar mis piernas comenzó a bajar el aparejo, de manera que fuí quedando sentada sobre la botella, que él acomodó bien y me fué entrando. Primero el pico y luego, gracias a que la engrasó lo suficiente el cuerpo de la botella, con lo que creí que me partiría en dos y comencé a gritar porque dolía mucho, muchísimo. Me ordenó que me aguantara, que el dolor pasaría en cuanto me aflojara (lo cual fué cierto) y mientras estaba en esa posición metió su miembro en mi boca. Apenas empecé a chuparla él comenzó a hacer pis y me ordenó que me lo tragara todo. En realidad, aunque no hubiera querido, no podría haberlo evitado.

Terminó de hacer pis en mí, recogió los pesos que estaban sobre un banco del taller y me soltó de las amarras. Casi no podía pararme y me ayudó a llegar hasta su auto. Cerró el taller y partimos de regreso hacia lo de Karla. En el trayecto charlamos sobre como me había sentido con mi "fiesta" y tuve que reconocer que había superado mis espectativas. Me prometió que habría otras más, cada una más "bizarra" y que llegaría el momento en que sería de tal magnitud que incluso podría cobrar muy caro.

La verdad es que estoy mas que fascinada y no veo la hora en que vuelva a llamarme.

Un beso y hasta la próxima

Marcela


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