Ayudada como siempre por mi "amiga del
alma", Karla, que es la única que me conoce en mis dos personalidades, me vestí con
una ropa finísima, muy cara, que ella misma me prestó. Me maquilló como los ángeles,
me colocó pestañas y uñas postizas y me llevó en su auto hasta donde, esa noche, yo me
había propuesto "yirar". En la "frontera" entre San Isidro y San
Fernando, es decir Avda. Libertador y la calle Uruguay. Me dejó con la consigna de
pasarme a buscar en tres horas y empecé a caminar sola.
Habrían pasado unos veinte minutos cuando se me acercó un auto nuevo,
japonés, con dos muchachos que me hicieron señas para que me acercara y luego de
preguntarme que hacía caminando solita me invitaron a acompañarlos a una fiesta en casa
de uno de ellos cerquita de allí. Uno me gustó tanto que sentí que empezaba a volar de
la calentura. Me animé y les dije ..." bebés, esto no es gratis. Al menos piensen
en un "regalito"... Se rieron, juntaron ochenta pesos y entonces me subí
atrás.
Llegamos a una casa muy linda y entonces me encontré sentada en el
living con ellos dos y la mujer del que me gustaba tanto, que para mi envidia era una
"potra" fenomenal. Muy distinguida, lucía como de "high-society", con
un lomo sensacional y muy pero muy loquita. Bailamos, franeleamos y terminamos todos
tirados en el piso cogiendo a lo loco entre todos. Quizá por eso, estuvimos más de dos
horas. Terminé medio muerta, porque ambos acabaron dentro mío más de una vez, mientras
la loquísima de Evangelina me mamó hasta hacerme acabar en su boca.
Cuando todo hubo terminado me llevaron de regreso al lugar donde debía
encontrarme con mi amiga. Me dejaron y se fueron. Karla no estaba. Se habría cansado de
esperar y estaría dando vueltas con el coche. Sin darme cuenta, en lugar de caminar por
Libertador, tomé la calle Uruguay como para ir hacia Centenario y a las pocas cuadras
caí en la cuenta de que estaba todo muy oscuro. Me dió temor pero no tenía más remedio
que seguir. Parecía una boca de lobo. Pero - otra vez - la fantasía de convertirme en
una prostituta fué más fuerte y seguí caminando lentamente y de la manera más
insinuante que puedo. Parecía que estaba loca, pues nadie me vería en semejante
oscuridad. Craso error.
No sé de donde salieron ni cuanto hacía que me seguían. No me dí
cuenta de nada. De repente me agarraron de atrás, me empujaron contra la pared de una
casa y diciéndome que "me portara bien o me daban una paliza" me llevaron (o
mejor dicho casi me arrastraron) fuera de la calle Uruguay hasta un terreno baldío de una
calle lateral. Me tiraron al suelo y uno de ellos me metió su pija en la boca. Un segundo
abrió mis piernas todo lo que pudo mientras el tercero, "sin anestesia", me
ensartó de un solo saque hasta el fondo. Y no era pequeña, todo lo contrario. Estaba
siendo "violada" por tres animales bastante violentos, que además y para que no
me resistiera, me pegaron unos fuertes cachetazos. Yo les pedía que por favor no me
deshicieran la ropa, que no era mía, que no me resistiría y les daría el dinero que
llevaba en la cartera.
Ellos, además de decirme todas las obcenidades que conocían y
amenazarme con dejarme a la miseria a golpes, se reían a carcajada limpia mientras
procedían a cogerme de todas las maneras. Tengo la impresión de que debían estar
drogados porque acababan y volvían a comenzar como si nada. Estaba mugrienta, llena de
semen por todas partes y, sin embargo, tan loca y tan caliente que, sin decirlo, me los
estaba gozando más que ellos a mí. Creo que acabaron entre los tres siete u ocho veces.
Por suerte yo había estado cogiendo antes porque si no, seguramente me habrían
lastimado. Me quedó el ano tan abierto que parecía que por el agujero entraba aire
fresco. Y yo super feliz.
Por fin terminaron, pero en lugar de irse corriendo y desaparecer, me
levantaron, me sentaron en el umbral de una casa, vaciaron mi cartera, me sacaron el
relojy bajo amenazas de darme una verdadera paliza se fueron caminando tranquilamente.
Cuando estuve sola otra vez, esperé un ratito, como para tomar resuello y volví
caminando, ahora lo más rápido que pude, hasta Libertador. Gracias a Dios, Karla había
vuelto, muy preocupada, a buscarme. En el viaje de regreso le conté lo que me había
pasado y quedó horrorizada. No paraba de decirme que era una loca y que algún día iba a
pasarme algo malo.
Llegamos a su casa, me cambié y me llevé su ropa para hacerla
limpiar. De vuelta en la mía, apenas sentí la seguridad de mi cuarto empecé a elucubrar
la manera de volver a ese lugar para ser "violada" nuevamente. Yo sé que
parezco muy loca, pero me gustó muchísimo.
Un beso y hasta otra
Marcela
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