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Bondage

He vivido varios años en New York, casi una década, de manera que, además de lo que había aprendido en Buenos Aires, mi inglés es casi perfecto. Para ser más claro, solo un verdadero yanqui se daría cuenta de que tengo algún acento. Esto lo digo para que se entienda bien lo que sigue.

Llegué al Sheraton (el de Retiro) a eso de las siete de la tarde para encontrarme con mi amigo Ralph Towner, que llegaba desde USA. Lo esperaba allí porque no había tenido el tiempo necesario para llegarme hasta Ezeiza. Me senté en un mullido sofá cerca de la confitería y pedí un café mientras esperaba. No demasiado cerca mío estaba sentada una señora (de unos ciencuenta años) muy bien "puesta", con aire distinguido y serio. La miré, sin otra intención que esa, y tuve la sensación de que me devolvía la mirada sostenidamente, como diciendo, "¿que mirás?". Me hice el tonto, desvié la mirada y seguí en la mía. Sin embargo, y por el rabillo del ojo, pude ver que me estaba observando.

De repente se levantó y pude ver toda su figura. Era verdaderamente majestuosa. Tenía un "lomo" espectacular, muy alta, de cabello oscuro y ojos verde-claros. Un par de tetas que parecía que hacían fuerza por emerger debajo del saco de su traje sastre de impecable corte y calidad, un culo muy bien marcado y largas piernas enfundadas en medias negras, sobre unos tacos aguja bastante altos. Entre su altura y los tacos, debía estar por el metro setenta y cinco, setenta y ocho, por lo menos.

La ví dirigirse al toilet de damas y pensé ..."como me gustaría ser como ella"... Al ratito volvió y se sentó, no sin antes volver a mirarme fijamente. No sé por qué impulso loco, llamé al mozo en voz no demasiado alta, y lo hice en inglés. Cuando se acercó le pedí "scotch on the rocks" y pude ver que se sonrió, como si estuviera complacida al oirme. Le sonreí también. Esperé que llegara el mozo y cuando estuve servido y el mozo se retiró, removí el hielo con un dedo, que luego procedí a chuparme, mirándola a ella. Con una sonrisa levanté el vaso y la saludé.

Me respondió de la misma manera, ahora con una sonrisa más amplia y con un gesto para que yo me aproximara a su mesita, que también se hallaba delante de un sofá de tres cuerpos. Me levanté y fuí hacia ella. La saludé (por supuesto en inglés), presentándome como John Clark. Al preguntarme ella si era inglés, le dije que no, que era descendiente de padres americanos, pero que mi nacionalidad era holandesa y vivía en Nassau, Bahamas. Por suerte ella también hablaba inglés, aunque con muchas limitaciones y mal acento. Eso me venía muy bien, por supuesto.

Pocos minutos de charla intrascendente sobre tonterías o sobre que hacíamos allí, hasta que pude decirle lo mucho que me había impresionado. Se lo debo haber dicho de tal manera que se sintió realmente halagada y también me piropeó. A partir de allí la conversación se fué "ablandando", nos tomamos una segunda copa y en un momento, en que estábamos sentados bastante cerquita uno de otro, le tomé la mano, admirando sus larguísimos dedos y haciéndole el comentario de lo bien que me vendrían a mí, que proporcionalmente los tengo algo cortos. Entonces ella tomó una mano mía, me dijo que le gustaba, que le parecía una mano fina y todas las demás pavadas al respecto. Lo cierto es que ya no la solté.

Con mi otra mano comencé otra vez a mover los cubitos dentro de la bebida e inadvertidamente me puse el dedo en la boca como para chuparlo. Allí empezó a pudrirse todo, porque me lo impidió suavemente, para metérselo ella en la boca y chupármelo suavemente, mientras me miraba fijamente. Luego de mirar que nadie nos estuviera observando, me lo siguió lamiendo con su lengua y luego se metió dos dedos en la boca. Mientras tanto yo pasé mi brazo por sus hombros, la atraje hacia mí y nos dimos un beso interminable en la boca, mientra yo bajaba la mano que ella había estado lamiendo para "esconderla" debajo de su traje y descubrir que debajo del saco no tenía nada, ni siquiera el corpiño. Cuando acaricié uno de sus pezones, suspiró fuertemente, se acercó a mi oreja, me metió la lengua y me susurró..."por favor, vámonos de aquí, a un lugar un poco meas privado"...

Accedí inmediatamente, nos incorporamos y fuimos caminando hacia la salida. Pero cuando yo "apunté" decididamente hacia afuera, ella me tomó del brazo y me dijo..."no, aquí, aquí "... y enfiló para los ascensores. Subimos al piso 17 y con su llave abrió una habitación. Entramos, nos abrazamos como dos poseídos, besándonos y tocándonos. Ella me fué conduciendo hacia el dormitorio propiamente dicho, que estaba casi a oscuras completamente. Me "tiró" sobre la cama, luego de quitarme el saco y me bajó los pantalones con una rapidez inusitada. Mi miembro sal†o hacia afuera porque hacía rato que esta duro como una piedra. Ella se quitó el saco y la pollera (no llevaba nada de nada debajo de ninguna de las dos prendas), sus "panties" eran de esos que tienen abertura tanto adelante como atrás, de manera que en un santiamén "ensartó" mi miembro hasta el mango en su vagina.

El primer orgasmo fué muy rápido y nos quedamos como tomando un "respiro". Pero ella parecía insaciable, porque no habían pasado sino unos pocos minutos, empezó nuevamente con las caricias, a las que yo respondí, por supuesto. Otra vez levantamos "temperatura", pero esta vez ella parecía tener el dominio de la situación. Era como que me estaba "manejando" y yo la dejaba hacer lo que quería. A mí el segundo polvo me cuesta un cierto tiempo, de manera que ella pudo tener tres orgasmos, y cada vez que acababa recomenzaba con más fuerza.

Quería hacer tantas cosas al mismo tiempo que en un momento metió un dedo dentro de mi culito, como para tantearlo. Se encontró con que estaba ya muy "trabajado" y bastante grande. No pudo menos que reirse y decirme..."No me imaginé que eras putito". "¿Te gusta que te lo hagan?"... Yo asentí con fuerza y le dije era una de las cosas que meas me gustaban. Entonces siguió diciéndome como me lo iba a romper y comenzó a mostrarme "los juguetitos" que tenía. Y para mi placer, también a usarlos. Fué entonces que se "confesó". Prostituta profesional de alto nivel a la que una de las cosas que más le gustaba era la feminización forzada de los hombres que caían en sus manos.

Le conté que a veces me vestía de mujer y me hacía pasar por Johanna Clark. Debe haber sido el tono, la forma en que se lo dije porque su mirada cambió y se puso como una poseída.  Se levantó de la cama y me pidió que no me moviera de allí. Fué hasta el vestidor y volvió con un enorme bolso, como los de hacer gimnasia, de donde empezó por extraer un sinfín de cadenas y candados. Rápidamente, con suprema eficacia profesional procedió a encadenarme a la cama, de manera que quedé con los brazos sujetos a la espalda, las piernas atadas por los tobillos y cada rodilla abierta hacia una pata de la cama, casi en posición del perrito. Me agregó un "bozal" que casi no me dejaba respirar, y sacó un "latigó". Me tomó de los pelos y comenzó a pegarme en las nalgas, que se pusieron muy coloradas, calientes y me ardían un poco. Luego de hecho eso, me colocó un consolador enorme, que fué metiendo hasta el fondo, hasta que ya no entraba más. Con él puesto me "ató" los huevos y mi pija con una cadenita fina, estiró hasta que yo no daba más y le colocó candado en la cama. De esa manera no podía moverme ni un milímetro.

Entonces así, sin poder mover siquiera el aire que respiraba con esfuerzo, me sacó de golpe el falo que tenía colocado diciéndome que ahora vendría lo mejor. Sacó del bolso otro mucho meas grande que trataré de describir. Era como si hubiera cortado una gruesa rama de cactus. Hasta el color era parecido. Me lo acercó a la cara y las espinas de todo ese tronco me rasparon mostrando que eran de verdad algo duras. Debía medir treinta centímetros de largo por unos seis de diámetro, sin contar el largo de las "espinas. Me asusté y la miré como para rogarle que no hiciera semejante salvajada. Ella se rió y procedió a untar el "cactus" con crema. Comenzó a tratar de metérmelo. Un centímetro o dos y yo ya me desesperaba porque las espinas esas me hacían unas cosquillas que casi no podía aguantar. Entonces volvía atrás y me metía sus dedos, luego los dedos junto con el consolador del principio. Después seguía otra vez tratando de meter el "cactus". Hasta que por fin pudo meterme toda su mano, casi hasta la muñeca. Yo me fuí paulatinamente aflojando y empecé a gozar otra vez, tanto que estaba de nuevo al palo. Mientras me cogía con una mano se masturbaba con el consolador original y llegó a otro orgasmo. Me sacó la mano y repitió el intento de meterme el cactus, que esta vez entró más y la puso más frenética. Siguió y siguió hasta que me entró del todo. Es increíble, entró totalmente y hasta dejé de sentir dolor o cosquillas. Empecé a gozar y entonces ella se colocó de manera que, sacando la mitad del cactus de mi culo, se insertó esa otra mitad en su concha hasta que volvió a acabar.

Me lo sacó, me fué librando de las cadenas y quedamos tirados en la cama. Yo estaba agotado por el esfuerzo, con el culo en llamas, pero con una felicidad que se me debía notar en la cara por los comentarios que ella me hizo. Le conté mis aventuras como mujer y lo loca que me ponía el coger de las maneras más aberrantes y fué entonces que me propuso "trabajar" con ella. Sería su "partenaire" para los tipos que querían ver como me lo hacía y a los que luego se lo haríamos. Me dijo también que me haría experta en "black kisses" (comer caca) y "golden showers" (tragarme las meadas). Le contesté que esas cosas ya las había hecho. De manera que estuvimos en un todo de acuerdo.

Dos días a la semana, durante casi dos meses, fuí la pareja lesbiana (o "trasbiana") de Alexis (¿se llamaría así realmente?). Trabajé con ella tanto en el Sheraton como en domicilios privados. He pasado por las cosas que conté y varias más. Y lo más lindo es que además de gozarme la vida, ganaba plata. Los tipos pagan cualquier cosa por una travesti como yo, que se "banca" y goza de verdad de todo lo que se les ocurra. Tuvimos una clientela bastante grande, y si yo realmente tuviera tiempo, hubiera seguido.

Pero en este tiempo al menos, pude sentirme realmente como lo que quiero ser, una puta reventada a la que le gustan los hombres, las mujeres y/o lo que venga con tal de coger y coger.

Besitos y chau

Marcela


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