Apenas un adolescente - tenía 16
años - ingresé en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata (soy nacida
allí) y debía viajar diariamente desde esta capital.
Dos años después y muy poco tiempo antes de que
decidiera terminar con estos estudios para dedicarme por entero a lo que hoy es mi
profesión, había conocido a muchachos, mayores en edad, que como que como yo tenían que
sufrir el dichoso viajecito hasta La Plata. Un día, hermoso e inolvidable día, con sol a
pleno y más de 20 grados de temperatura, al llegar a la estación de Quilmes, Augusto
Millán me propuso que nos bajáramos en el Parque Pereyra Iraola y nos quedáramos
haciendo nada y paseando por allí para tomar sol. Una "rabona" de
universitarios que no teníamos ganas de ir a clase. Agarré viaje "ipso pucho".
Estábamos tirados sobre el pasto cuando la
conversación giró hacia su novia, con la que medio se había peleado porque ella no
quería saber nada de "hacer cositas" cuando estaban juntos. Me dijo..."No
hay caso, no puedo hacer que me la chupe. Y mirá que la tengo grande y linda,
eh...", dicho lo cual la sacó de su bragueta para mostrármela. Era cierto; hermosa
pija. Y para mi sorpresa continuó diciéndome..."¿no me la chupas vos?". Yo
salté de la sorpresa pero no pude impedir que me tomara una mano e hiciera que se la
agarrara. Todavía hoy no entiendo como me animé y comencé a mamar con frución y al
poquito rato con enorme placer. No dejó que lo hiciera acabar, nos levantamos y nos
acercamos a un pilar de cemento que podía hacer las veces de banco. Como no había nadie
alrededor, me bajó los pantalones, me inclinó de cara sobre el banco y con bastante
cuidado empezó a penetrarme..
Contar lo que me dolía el intento me parece obvio.
Hasta allí yo era virgen. Sin embargo lo logró con esfuerzo y una vez que estuvo dentro
pudimos, los dos, dedicarnos a gozar con todo de ese momento. Yo me sentía tremendamente
feliz con ese pedazo dentro mío y Augusto comenzó a llamarme por el nombre de su novia,
Marcela, y como estábamos sobre ese pilar le agregó el "del
Pilar"..."Ahora sos mi Marcela del Pilar...", me decía entre jadeos. y le
agregó el Gutiérez, porque esa era el nombre de la estación de tren que llega al
Parque.
Antes de que acabara yo ya era Marcela del Pilar
Gutierrez. Y terminó dentro mío. En esa época estábamos a años luz del Sida, de
manera que no usó preservativo. Pude sentir la felicidad inmensa de su semen en mis
entrañas. Cuando la sacó me pidió que se la limpiara, de manera que se la volví a
chupar y él volvió a acabar en mi boca. Cuando todo hubo terminado volvimos hacia la
estación sin pronunciar palabra. No sabíamos que decir. Solo que un momento antes de que
llegara el tren, me besó tiernamente en la boca introduciéndo su lengua para luego
decirme..."Me gustaste muchísimo...Tenemos que repetirlo"...
Durante los dos o tres meses que siguieron la
contraseña era su pregunta "¿la viste a Marcela del Pilar?". Yo contestaba que
sí y bajábamos en el mismo lugar para repetir la sesión.
Un día decidí no estudiar más en la Universidad y
no lo volví a ver jamás. Pasaron muchísimos años hasta que volví a tener otra
experiencia con un hombre, pero a él, a Augusto Millán, no lo olvidaré nunca, como que
fué el primero que me "desvirgó".
Seguirán más relatos
Marcela