Cuando una concreta la fantasía de
prostituirse, en realidad solo llega a una mínima parte de lo que esa profesión
significa. ¿Por qué? Porque lo hace meramente por una desenfrenada necesidad de sexo, de
lujuria, cuanto más audaz, más "loco", quizá como diría una tía solterona,
"más degenerado", mejor. Más placer, más goce.
Toda vez que salí a yirar - y ha sido infinidad de veces - en los más
variados lugares, desde el hotel cinco estrellas más elegante hasta en los suburbios más
oscuros, marginales, a veces hasta peligrosos, lo hice cuando tenía una imperiosa
necesidad de tener sexo con hombres de todas las calañas. Y lo tuve, por supuesto.
Los "machos" (de todas las especies) que he tenido en estos
últimos tiempos me han hecho gozar como a una perra. He logrado, al fin, sentirme mujer,
sentirme puta, que en definitiva es lo que busco.
En una oportunidad, charlando en una ocasional "parada" con
una verdadera prostituta, ésta me comentó lo harta que estaba del "trabajo",
lo cansada que se sentía de sentir a los asquerosos que la besaban y la penetraban sin
ningún miramiento y sin importarles un bledo de como ella se sentía, solo por unos
miserables pesos.
Las palabras y, sobre todo, la imagen de esa mujer se me quedaron
grabadas. Pensé para mis adentros...¿Como me sentiría yo misma, si en lugar de tener
ganas, calentura, etc., etc., tuviera que hacerlo por obligación, sin ganas, forzada por
alguna circunstancia que yo misma no hubiera decidido o admitido?
Durante meses esta idea revoloteó sobre mi cabeza, hasta que, por fin,
pude conocer en carne propia su significado.
Un jueves, pasada la medianoche de un día horriblemente frío, había
ido ya "montada" en mi auto, a yirar en la Avda. Libertador, cerca de la calle
Uruguay, que es el límite entre San Isidro y San Fernando. De manera un tanto desusada,
por el clima inhóspito de esa noche, tuve éxito y, más o menos a las tres de la
madrugada, había podido "hacerme" dos tipos, uno de ellos en su propio auto.
Queda claro que dos hombres en tres horas pueden dejarla a una bastante satisfecha.
Después de regresar a la "parada", encaminé mis pasos hacia
el auto para regresar. Lo había dejado a más de cuatro cuadras, en una calle lateral que
estaba oscura como boca de lobo.
Juro que no vi de donde salieron, pero de repente tenía a mi lado a
dos muchachos jóvenes que me propusieron "negocio". Como dije, ya no tenía
ganas, pero inmediatamente mi cerebro pensó, "bueno, vamos a ver que tal sos para
este trabajo; hay que hacerlo como la mejor". Les pedí que me pagaran y los seguí
hasta su propio auto. Era grande y tenía los asientos reclinables de manera de quedar
casi como cama.
Apenas estuve adentro, uno de ellos sacó su verga y me pidió que se
la mamara. Sin ganas, y como resignada la tomé entre mis manos, la acaricié y comencé
la tarea. El otro mientras tanto se había bajado los pantalones y comenzó a penetrarme
sin demasiadas contemplaciones. Bah...me la metió de un saque, de manera que casi me hace
gritar. Es cierto, yo no sentía el más mínimo placer, todo lo contrario. Estaba harta
de mamar y el culo me ardía horrores. Tampoco me quedaban fuerzas como para moverme
mucho. Todo el trabajo lo hacían ellos, que eran jóvenes, fuertes (parecían
deportistas) y super calentones.
Ya me parecía que tardaban demasiado tiempo en terminar cuando por fin
me acabaron. Los dos casi al mismo tiempo. Pensé..."ya está, listo"..., pero
me equivoqué. Hicieron que se las "levantara" nuevamente. Lo logré con cierto
esfuerzo mamando y lamiendo las dos hasta que por fin estuvieron al palo otra vez.
Entonces cambiaron de posición : al que me había penetrado se la seguí mamando y el
otro me la metió hasta el fondo.
! No daba más ! Quería terminar de una buena vez e irme a mi casa.
Pero al ser el segundo polvo, fué bastante más largo que el primero. ! Que estado
atlético el de esos chicos ! ¿No se cansarían nunca?
Por fin acabaron, en mi boca y en mi culo, y se quedaron tirados en el
auto mientras yo me bajé del mismo, hecha una piltrafa, sin maquillaje, con la peluca
hecha bolsa y ni hablar de la ropa, que quedó algo manchada con semen. Era una verdadera
porquería de travesti, al que si Fellini hubiera hechado el ojo, quizea le hubiera
reportado el ganar algún Oscar.
Caminando hacia mi auto oí como se reían y me decían de mí un
montón de guarangadas y obscenidades.
¿Como puedo explicar como me sentía? Es difícil. Por un lado estaba
asqueada, del gusto a semen en mi boca y la sensación terrible de "picazón"
que tenía en el ano no se me pasaba. Cuando arranqué y tomé Libertador nuevamente,
sentí como que me había liberado, pero al mismo tiempo estaba más que fascinada conmigo
misma porque había sido capaz de una verdadera experiencia de prostituta barata.
Ahora tengo idea de lo que se siente. Tener sexo sin elegir al
"cliente" y hacerles creer que una se vuelve loca de placer con ellos. El
hacerles sentir que son unos "super-machos" con la pija más grande o mejor que
una haya tenido, es un placer distinto que antes nunca había experimentado.
Comencé por vestirme como mujer, luego logré salir del closet y
"actuar" en la calle, más tarde logré tener sexo con hombres que, en general
me gustaban mucho y por fin, saberme una verdadera prostituta es lo más maravilloso que
me podía pasar.
Ahora salgo a "trabajar" con el propósito de hacerme de unos
dinerillos extra, por pocos que sean y tenga ganas o no.
La conclusión es : soy muy puta. Por eso soy feliz.