Pocas cosas me atraen más que tener sexo
con animales. Solo dos veces en mi vida lo logré, y les puedo asegurar que es muy fuerte.
Una se vuelve completamente loca y pierde noción de lo que realmente está haciendo. Es
probable que esto me ocurra a mí porque estoy muy "deschavetada" sexualmente.
Parece que no he logrado encontrar límites para el placer, siempre y cuando evitemos toda
clase de drogas y/o violencia. He probado todas las drogas alguna vez y debo decir que no
me gustan; PARA NADA. Y la violencia, quizá por mi manera de ser, debe ser la única cosa
que odio más que nada en el mundo.
Por suerte para mí, he encontrado un "marido" que está.
quizá, más loco que yo. No solo me hace "trabajar" para él (y luego
invariablemente terminamos en la cama), sino que, además de llevarme a lugares
increíbles por lo "baratos", por lo bajos de su condición social, me hace
coger con los presos de la Comisaría en la que se desempeña como oficial, a punto tal
que, como tienen que mantenerme vigilada dentro de las celdas, los otros policías
terminan agarrándose una flor de calentura y teniendo sexo conmigo también.
Esta última vez fué muy "completita". Habían hecho una
"redada" en el barrio (Flores) y habían detenido a tres pobres prostitutas a
quienes estaban haciendo "laburar" con los presos y, por turno, como para pagar
el precio de a comida, les hacían limpiar la comisaría. Esa noche las tenían de
sirvientas de cuarta.
Hay qye reconocer que las "yeguas" esas tenían un carácter
bárbaro. En lugar de deprimirse y ponerse de mal humor, lo estaban pasando lo más bien y
habían decidido divertirse, a pesar de todo.
Esa noche el lugar se había convertido en un cogedero increíble. Pero
lo mejor viene ahora, como sigue. Le dijeron a una de las chicas, Andrea, que bañara a un
perro de policía. propiedad de un oficial.
Con un balde, jabón y varios trapos comenzó la tarea y mientras
estaba tocándole las "verijas", el animal, que estaba alzado y al re-palo, le
lamía la cara sin parar. La mujer comenzó a protestar diciendo que era un perro
asqueroso y que ella no aguantaba que la estuviera lamiendo de esa manera.
Me acerqué para calmarla, decirle que no pasaba nada y como
demostración dejé que el perro me lamiera a mí, lo que me fué calentando como loca. Me
puse bien de frente a él, abrí la boca, saqué mi lengua lo más que pude y empecé a
lamer yo misma la lengua del perro. A sentir su aliento y su saliva en mi boca. Creo que
allí mismo perdí del todo los límites de lo "normal". Agarré el miembro del
bicho ese, que como dije, estaba al palo, lo acaricié un poquito y poniéndome debajo de
él, me lo metí en la boca y se lo enpecé a chupar con infinito deleite.
Minutos después estaba rodeada de toda la comisaría, incluídos
algunos presos, mirando asombrados lo que yo hacía.
Antes de que el animal pudiera acabar, salí de debajo de él y
enloquecida por la calentura casi le grité a uno de los "polis"..."¡¡
Ayudáme a metérmelo !!".
Me puse de rodillas dando la espalda al perro y sentí como lo
acercaron y guiaron su verga hasta mi culito. Quedó montado sobre mí, sostenido por su
amo y me empezó a coger con movimientos tan veloces que me parecía mentira que pudiera
ser cierto. Se movía a una velocidad infernal, lo que me volvía loca de calentura.
Acabó dentro mío en no más de cinco minutos. Ojalá hubiera habido
toda una jauría, porque con eso solo había quedado totalmente insatisfecha. Cuando me lo
sacaron, rogué todo lo que pude para que alguien más me cogiera, pero increíblemente
nadie quería hacerlo después de que tuve la del animal dentro mío. Ni siquiera Raúl,
mi "marido".
Él, que me ha hecho y me hace hacer de todo, no se lo pudo
"bancar". Ni en ese momento ni más tarde cuando volvimos al depto. Esa noche no
hubo forma de que me cogiera, no quiso saber nada.
Me asusté un poco porque pensé que, después de ese día lo
perdería, y me quedaría sin el "chulo" que tan bien me "maneja" y me
cuida.
Por suerte (y esto puedo contarlo ahora) hoy me llamó como si no
hubiera pasado nada para hacer el "programa" de este jueves. Menos mal.