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El Burrito

No lo pensé demasiado y decidí que el riesgo valía la pena. Extraño muchísimo a Raúl, el policía que me hizo trabajar tanto y tan bien, más que por él mismo (se me pasó la calentura) por las cosas que creí que llegaríamos a hacer después de que me hizo coger por el perro de la comisaría.

Por suerte, el haber conocido previamente a Carlos, el dueño del prostíbulo de Carupá, hizo que pudiera "trabajar" por mi cuenta algunos jueves, salvo aquellos en los que me encuentro con mi novio Jaki en el depto. que alquilo para esto.

Vuelvo sobre lo mismo...estoy recaliente con los animales. Me gusta el sexo con perros y/o caballos (que es lo que ya he conocido). Sobre todo con estos últimos, que la tienen tan inmensa que da miedo, aunque con un poquito de práctica una se las puede mamar un rato y luego meterse un pedazo bastante grande hasta que acaben dentro de una.

Y fué precisamente Carlos el que me habló para saber si me atrevía a participar de una fiesta donde me harían coger con un burrito. ¡Ja¡ Él ni sospechana lo que me gusta eso.

Me hice la estúpida, como si jamás lo hubiera hecho, le pregunte mil tonterías y arreglé con él el precio que estos depravados me irían a pagar. Pero le exigí que se los cobrara él mismo por adelantado, por las dudas.

Así fué como el viernes 5, la noche de Reyes, me vestí lo más atorranta que pude y partí en mi auto hacia La Reja, en el camino hacia Luján. Con los datos que me dieron encontré fácilmente la quinta donde se haría la reunión.

A propósito llegué un poquito más tarde de lo convenido, de manera que ya estaban todos allí. En total 11 personas, ocho tipos y tres mujeres. Se los notaba de una excelente posición social por la ropa que tenían, muy fina, muy cara. Las mujeres estaban para el infarto, increíblemente sensuales con unos trajes de fiesta carísimos llenos de trasparencias por todos lados. Obviamente, en bolas. Yo parecía salida del peor de los quilombos. Era la más barata de los presentes; mucho, muchísimo más berreta.

Al principio la cosa pareció medio fría conmigo. Los tipos estaban enloquecidos con las mujeres esas, a quiénes por eso mismo odié de entrada nomás. Las tres eran esposas reales de los machos que allí estaban y parece que hacía mucho tiempo que las "compartían con los otros cinco.

Quedé casi sola en un rincón de la sala principal, enorme por supuesto, y pasóp bastante tiempo hasta que se me acercó Alejandra, la mayor de las brujas esas, una mina de unos cuarenta y cinco años, que empezó a charlar conmigo sobre todo para preguntarme como era mi "trabajo", cuanto cobraba, cuantos tipos me hacía cada vez que salía, etc., etc.

Me preguntó por mis hermosos pechos postizos (realmente se ven muy bien) y comenzó a tocarlos para ver como eran. La curiosidad dejó lado a la excitación, bajó una mano y acariciándome entre las piernas me preguntó como la escondía. Dejé que su mano llegara hasta mi verga y esto la calentó aún más. Cuando la tuvo en su mano acercó su cara, abrió un poco la boca y nos dimos un primer beso de lengua prolongado.

Sin dejar de abrazarnos salimos al aire libre caminando sobre el pasto. Cada tres o cuatro pasos Alejandra volvía a besarme. La muy turra estaba que volaba. Nos sentamos en un banco bajo uno de los árboles y estábamos tan concentradas en nosotras mismas que no nos dimos cuenta que Horacio se había acercado. Se sentó detrás mío, me abrazó así, desde atrás dando completamente vuelta mi cara para besarme él también mientras bajó un brazo hasta llegar a mi miembro por debajo de mi minifalda. Me bajó la bombacha, la sacó y le dijo a Alejandra..."dale, chupásela un poquito para que se le ponga bien dura y después la "montás". Alejandra empezó a mamármela mientras Horacio jugaba con sus dedos en mi culo, trabajándolo para abrirlo bien. Me tomó de la cintura, me alzó un poco y me sentó sobre su enorme miembro, que me entró hasta el mango y casi pego un grito. Pero enseguida me relajé (una ya tiene cancha, ¿no?) y Alejandra se sentó encima mío metiendose mi pija en su vagina. Quedé casi sin poder moverme, en "sandwich", mientras los dos me cogían.

Entonces llegó Ernesto, el marido de Ale. No miró un poquito mientras cogíamos, hasta que sacó su pija y se la puso en la boca a Alejandra, quién a partir de ese momento tuvo tres orgasmos casi seguidos. Ernesto también acabó rápidamente en la boca de Ale y se alejó hacia la casa, mientras Horacio seguía y seguía cogiéndome sin parar ni un instante. ¡Que flor de macho, por Dios!

Estela y María José, las otras dos se acercaron al rato enroscadas con dos de los muchachos (nunca supe sus nombres) y se tiraron en le pastito delante nuestro para coger mientras nos miraban.

Y volvió Ernesto acompañado por los que quedaban, Pedro, Ezequiel y los otros dos que tampoco supe como se llamaban. Horacio acabó por fin pero no pude parar porque entre Pedro y uno de ellos me pusieron "en cuatro patas". Mientras Pedro me la metió, se la estaba mamando al otro. Alejandra se "enroscó" en la vagina de Estela y la hizo acabar a los gritos.

Para no hacer el relato demasiado largo, solo agregaré que cogimos todos con todos y no pude parar un solo instante. Por suerte yo no tomo alcohol ni me drogo con nada, pero los muchachos me dió la impresión de que algo de eso habrían hecho, porque no podían parar.

Por fin llegó el gran momento. ¡¡Show time, boys!! Nos fuimos más hacia el fondo de la quinta, donde estaba amarrado un burrito no demasiado grande. María José le acariciaba la nariz, como para que se quedara tranquilo, mientras yo comencé a acariciarle las verijas. ¡Que pedazo de pija, señor! Era enorme, supongo que como la de todos los burros. Un poco más corta que la de un caballo pero casi igual de gruesa.

Muy despacito me fuí agachando sin dejar de acariciarlo hasta que empecé a pasarle la lengua por la cabeza. Medio que respingó, pero María José lo sujetaba bien. Me la metí en la boca y empecé a mamar con cierta dificultad por el tamaño. Tenía que hacer un gran esfuerzo por la posición. Igual se la chupé bastante y me quedó un gustito divino, un sabor muy fuerte del animal ese. Entonces les pedí a Horacio y a Ezequiel, que eran físicamente los más grandotes, que me ayudaran. Me agaché debajo del burro, con las piernas muy abiertas y estiradas, apoyando las manos en el suelo por delante de mi cabeza mientras Horacio sostenía la enorme verga para dirigirla a mi orificio.

Fué más fuerte que yo. Cuando la sentó apoyada en mi ano, empujé fieramente hacia atrás para que me entrara. Me dolió horrores al principio, pero lo logré casi enseguida y una vez que entró hasta que hizo tope en mi interior, comencé a gozar como una loca. Es increíble como me gusta. Es absolutamente real, me vuelvo completamente loca. Bombeaba como una poseída y no notaba para nada el esfuerzo físico que estaba haciendo. Debo haber estado así unos diez o quince minutos, que a mí me parecieron muy, pero muy pocos hasta que el burro acabó dentro mío. Apenas sentí el chorro de su semen, líquido y caliente, me salí de esa posición con el culo chorreando y me la metí en la boca para saborear su guasca y tragarme lo más que pudiera. No era mucho lo quebquedaba porque la mayor parte la tenía en el culo, pero algo logré y les digo : me gusta mucho más que la de los hombres.

Mientras yo trataba de mamar todo el semen que podía, Alejandra se me puso atrás y me metió su lengua en le culo super abierto para tratar ella también de saborear el semen del animal.

Yo quedé por fin tendida en el suelo, exhausta. Y como Alejandra había saboreado la leche del buro la desafiaron a que se lo cogiera. Les costó un poco hacer que se la parara nuevamente pero lo lograron. La colocaron a ella en la posición en la que yo había estado e hicieron que el burro la penetrara. Acabó varias veces como una desesperada y siguió hasta el final, hasta que el burro acabó y la llenó de leche a ella.

Quedó tirada un rato al lado mío, mientras todos volvían hacia la casa. Entonces me dijo..."con vos aprendó algo que no olvidaré jamás... Creo que ya no podré dejar de coger con este burro, con un perro o lo que sea...Pero no hay nada parecido a este placer...Vení dame un beso y volvamos adentro..." Nos besamos tiernamente, todavía con el gusto del semen del animal y volvimos.

La fiesta llegaba a su fin y yo había cumplido mi parte. Entonces Ezequiel me dijo..."¿por qué no te quedás esta noche y volvés a la mañana?...Como no tenía nada que hacer acepté. Me llevaron a la habitación de servicio, me desvesti y me acosté, sin sacarme las tetas ni la peluca por si acaso...Cuando ya todo estaba en silencio y creí que todos dormían apareció Ezequiel. Se acostó a mi lado, me dió vuelta de costado dándole la espalda, acercó su pija a mi culo y me penetró. Así nos quedamos. Me dormí con su pija dentro mío, Cuando a la mañana temprano me desperté él también lo hizo. Se puso al palo de inmediato y me hecho un polvo, suave, largo, dulce, hasta que acabó dentro mío. Nos dormimos otra vez un ratito con esa cosita puesta. ¡Qué placer!

Me desperté casi a mediodía, me arreglé lo mejor que pude, besé a Ezequiel y le pedí que despidiera de los demás y partí, no sin antes decirle que, si les había gustado y querían repetir, no tenían más que llamarme porque yo lo había pasado de maravillas.

¡Ojalá lo hagan!

Hasta otra
Marcela


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