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De Visita en Haití

Dos días habían transcurrido de nuestra llegada a Haití, cuando Phil, el asistente de dirección y pareja de Don, el director, descubrió que había en la ciudad un boliche gay exclusivamente de negros. Bien "pessutti", claro. Decidieron llevarme y cuando entramos, todos los parroquianos sin excepción, miraron extrañados la "mujer blanca". Cada vez que salía con ellos me vestía de mujer, como a mí me gusta estar.

Nos sentamos y Phil pidió unos tragos "especiales" muy folklóricos. Tenían alcohol, pero eran tan suaves que una ni se daba cuenta. Un tanto dulzones y sin embargo, quizá por el fantástico calor que hacía, no podíamos parar de tomar una copa tras otra. Yo, que jamás tomo ni una gota del alcohol, empecé a sentirme tan, pero tan bien, que me hubiera quedado allí para siempre. Bailé con Don y con Phil al ritmo super sensual y cadencioso del "reggae" y estaba que volaba de placer y felicidad. Incluso me permití el lujo, por primera vez, de bailar con Vonetta, la mujer de Don, con quién no me había atrevido a hacerlo nunca porque ella no es lesbiana y no sabía si me iba a rechazar. Le gustan los hombres; como toda negra coge hasta el hartazgo toda vez que puede, pero, que yo sepa, jamás había estado con una mujer.

Sin embargo pude notar como se calentaba bailando conmigo, apretándose fuertemente cada vez que podía. Debo admitir que Vonetta, aunque no es linda de cara, tiene un lomo envidiable, lo que hizo que otra mujer también la sacara a bailar. Don estaba sorprendido pero, por supuesto, no puso ninguna oposición, porque estaba encantado.

Un ratito después y en un alto que hicimos, Vonetta me pidió que la acompañara al baño. ¡Ah, tramposa! Le había gustado la mujer que la sacó a bailar y en realidad fué a encontrarse y "transar" con ella. ¡ Y como ! Se metieron en uno de los excusados y comenzaron a darse con todo. Yo me fuí a la mesa y cuando Don me preguntó por su mujer, lo miré con una sonrisita pícara y le hice un gesto como dándole a entender lo que pasaba. Don se puso loco de contento y me premió con un beso de lengua que casi me deja sin respiración.

Phil trajo a dos paroquianos a la mesa, con quiénes nos pusimos a charlar sobre Port-o-Prince, y terminamos comprometiéndolos a llevarnos a presenciar una ceremonia del los "ton-ton macouttes", pero de verdad, no para turistas, en plena selva, y quedamos en ir al día siguiente.

A la tardecita siguiente llegó uno de los clientes de la noche anterior a buscarnos. Nos metimos en el auto de Camille, un destartalado "paquebote" americano y salimos. Media hora después estábamos en la selva, con caminos de tierra polvorientos, sin luz y por donde apenas podía transitar un auto. Sin embargo, todavía debieron pasar cerca de tres horas para que llegáramos a un poblado consistente en unas cincuenta o sesenta chozas de ladrillos de barro y techos de paja. Era tanto el calor y la humedad, que estábamos muy transpirados. Por suerte me había puesto un corpiño grande que cubría completamente mis pechos falsos, porque el vestido finito estaba empapado y se traslucían muchísimo el corpiño y la bombachita. Vonetta estaba peor (o mejor) que yo misma porque ella no usa jamás corpiño y entonces sus pechos aparecían bajo la fina tela en todo su esplendor. No es chiste, la temperatrura llega a los 45-48º centígrados.

Primero bajó solo Camille para pedirle al que parecía ser el jefe permiso para presenciar la ceremonia. Los "ton-ton" son bastante peligrosos y allí no hay otra ley que la de ellos. Conversaron un poquito mientras tres de ellos se acercaron al auto, nos hicieron bajar y nos sacaron cuanto de valor teníamos : las billeteras con dinero americano y toda la bijouterie de Vonetta y mía. Sabíamos que eso pasaría, de manera que el dinero que llevávamos era muy poco y la bijou barata.

El jefe nos condujo hasta una de las chozas en la que debíamos aguardar hasta que la ceremonia comenzara. La noche estaba verdaderamente negra, porque en esa selva no entra un "pomo" de luz, pero el "clima" parecía que iba a ser excitante.

Pudimos ver como se fueron juntando, en círculo, en un espacio vacío en medio de las demás chozas. Nos vinieron a buscar, salimos, y nos integramos al círculo. Mucho ruido, gritos y el comienzo de tambores. Se notaba que habían bebido bastante y lo seguían haciendo. No sé por donde, pero apareció una mujer joven bailando como poseída en medio del círculo, mientras los asistentes se llenaban la boca con el liquído que tomaban y lo descargaban con fuerza sobre ella, que recibía un "spray" que la empapó inmediatamente. Bajo el vestido blanco estaba totalmente en bolas. En el paroxismo del frenesí cayó al suelo, revolcándose como en un trance. Se subió el vestido por encima de la cintura y mientras con una mano estrujaba literalmente uno de sus senos, con la otra comenzó a masturbarse. Jadeaba y se revolcaba sobre la tierra. Tuvo un primer orgasmo y siguió frenéticamente, hasta que, en ese revolcarse, tocó a uno de los hombres del círculo. Inmediatamente, este bajó sus pantalones y la mujer se prendió a su pene, tragándoselo completamente. No paró hasta que lo hizo acabar en su boca. Cuando lo tuvo todo, lo dejó escapar levemente y se embadurnó la cara con él.

Esta fué la señal. Piedra libre. Hombres y mujeres comenzaron la misma rutina, ahora todos juntos. Era alucinante. Nos dieron a beber el brebaje que ellos tomaban y que, ahora estoy segura, tenía algúna hierba alucinógena, porque casi enseguida estábamos como ellos. La primera que "cayó" fué Vonetta, "tocada" por uno de os hombres, que se la empezó a coger en el suelo como si fuera una "ton-ton" más. Luego una mujer se "cargó" a Phil, pero a Don le tocó un hombre, que le metió su miembro en la boca. Mientras se la estaba mamando, otro de los hombres lo penetró sin contemplaciones (para su placer).

¿Y YO? Parecía que no existía. O no querían saber nada con la "mujer blanca", o no se animaban. Lo cierto es que creí que me quedaría con las ganas de "participar" en la fiesta. Y estaba completamente "ida" con el brebaje que había tomado.

En medio de la orgía desenfrenada apareció el "Brujo". Como si viniera de la nada. Gritó y gesticuló en "patou", el idioma de ellos, y se quedaron todos como petrificados. Parecían zombies. El Brujo, bueno es aclarar que era un viejo sin dientes, se acercó a Vonetta, la hizo parar, la examinó por todas partes girando lentamente a su alrededor para terminar poniéndose en cuclillas para chuparle la vagina hasta que la hizo acabar casi en un grito de placer. Cuando terminó le hizo un gesto que ella no pudo entender. El jefe se lo tradujo explicándole que le tocaba elegir a alguien. Vonetta comenzó a recorrer el círculo, mirando a uno por uno, y con una sonrisita diabólica y una mirada de loca se detuvo frente a mí y me señaló estirando su brazo y su dedo índice. Yo quedé como petrificada. Luego siguió recorriendo y eligío a dos de los ton-tons, los tomó de las manos, los trajo hacia mí y me entregó a ellos.

Vonetta se retiró del centro y yo fuí a parar allí conducida por los dos negros. Me hicieron poner de rodillas e iniciaron una especie de rito. Me mojaron todo el cuerpo con el brebaje y me hicieron tomar un largo trago. Me separaron las piernas todo lo que pudieron y me ataron los tobillos con un palo de manera que no pudiera cerrarlas. Así me pusieron de pié y me ataron las manos a la espalda, tras lo cual también me taparon la boca con un trapo fuertemente sujeto. Trajeron una especie de cajón muy grande, alto como una mesa común y me colocaron allí boca abajo. Ya se habían reiniciado las danzas a mi alrededor.

No podía mirar para atrás, pero sentí que alguien se había aproximado al tiempo que un pene se acercó a mi ano. El hombre se inclinó sobre mí y allí tuve la sensación de que era inmenso, porque su cabeza sobrepasaba de tal manera la mía que podía verlo perfectamente. Comenzó a penetrarme y al principio fué terrible porque esa bestia enorme tenía una verga descomunal. Tuvo que hacer un esfuerzo bárbaro para que me entrara, hasta que al final lo logró. ¡Quería gritar pero no podía! ¡Que grosor, mi Dios! Pensé que me partiría en dos. Estaba muy volada por el brebaje pero tengo la impresión de que por un instante me desmayé. De pronto me encontré penetrada hasta el fondo, hasta que hacía tope, y el gigante ese se movía al ritmo de los tambores, que cada vez iban acelerando más. ¡Era de locos! ¡Que fiera! Ahora ya no sentía ningún dolor, mi ano se había dilatado completamente, lo que posibilitaba que el negro hubiera comenzado no tan solo dentro mío, sino que sus movimientos hacían que me entrara y saliera completamente a una velocidad frenética. Duró diez o quince minutos, no sé muy bien, y me llenó con su semen. Cuando salió yo estaba "muerta", sin fuerzas, completamente laxa.

Continuaron mojándome y haciéndome tragar el brebaje ese, de manera que mi excitación no se calmaba. Ahora era yo la que estaba frenética y quería que no pararan. Quería más.

La mujer que había comenzado la danza, al principio de todo, se colocó detrás mío y me lamía el culo, incluso metiéndome la lengua adentro, lo que me volvía completamente loca de placer. Era como una cosquilla suave que fué calmando poco a poco el ardor original después de soportar a la bestia de tipo que me había penetrado.

Mientras esto ocurría y los tambores no cesaban, el Brujo anunció la hora del "sacrificio". Camille se me había acercado, me había puesto su miembro húmedo de semen en la boca y me traducía todo lo que decía el Brujo susurrando suavemente. ¡Horror! Al sacrificio iría yo, y después de lo pasado no entendía hasta donde podrían llegar.

Lo ví entrar. Lo entraron frente a mí, para que lo pudiera ver, sujeto por una cadena. Supongo que a propósito. ¡ERA UN PERRO ENORME! No sé como se llama a esa raza (¿gran danés?. La mujer dejó de chupar mi culito y comenzó a masturbar primero y chupar después la pija del animal. Cuando estuvo bien dura, lo pusieron detrás de mí, lo apoyaron sobre mi espalda e hicieron que me penetrara. ¡Me entró hasta el tope! Y era FANTASTICA la sensación, porque ningún ser humano puede "bombear" a la velocidad que lo hacía ese animal. Si bien no era tan gruesa, la cabeza se fué hinchando cada vez más a medida que pasaba el tiempo. Eso que llaman "abotonarse". A pesar del trapo que cubría mi boca, yo no podía parar de gritar y de gemir por el intenso, inmenso y no que otro calificativo usar para describir el goce. ¡ABSOLUTAMENTE GENIAL! No hay nada que pueda comparársele.

No sé cuanto duró, pero seguro que fué bastante más que con el gigantón. Deseaba con todas mis fuerzas que el perro no acabara jamás. Me llenó de semen. Pareció un enema por la cantidad y por lo líquido. Y para colmo, luego de acabar, al salirse, orinó, por lo cual me bañó con su pis, dejando mi vestido y mi peluca hechos una porquería mayor de lo que ya estaba.

Quedé allí, estacada boca abajo, semidormida, mojada y con el culo al aire hasta un rato después en que la "fiesta" terminó. Fueron Camille, Phil y Don quienes me desataron. Los "ton-tons" se habían ido retirando. Me llevaron al auto y partimos hacia Port-o-Prince. En el viaje me dormí y me desperté al llegar. Cuando bajé del auto y me paré para caminar tuve la sensación de estar como "estirada" o "ensanchada" en las caderas y me costaba caminar normalmente, aún sin los zapatos.

Pero que experiencia. Sé que la relación con animales no es común y que la mayoría no se animaría. Pero ¡se las recomiendo! En toda mi vida jamás podré olvidar este episodio. ¿Estoy loca? Seguro...Pero,... ¿ quién me quita lo bailado?

Hasta otra
Marcela


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