Pasaron cerca de diez días para que
recibiera un mensaje de Ricardo diciéndome que Enrique estaba desesperado por verme. Yo
le comenté a Ricardo que una de mis fantasías que quería ver convertida en realidad era
la de ser "una prostituta fina" por lo cual, si Enrique quería estar conmigo,
me tendría que pagar; y caro además. Debo aclarar que Enrique es un viudo con una
montaña de plata, a juzgar por la tremenda casa de San Isidro.
Lo cierto es que Enrique aceptó y un día viernes hice un pequeño
bolso con mis bártulos femeninos y me fuí para allá. Cuando llegué a su casa, solo
estaba la mucama, que ya tenía orden de hacerme pasar y "hacerme poner
cómodo". Ella me dijo que Enrique vendría en seguida. Casi inmediatamente se fué,
por lo que me quedé solo y comencé a cambiarme.
A eso de las 8 y media llegó Enrique y para ese momento ya estaba
"hecha una reina". Me abrazó, me besó como siempre lo hacía, apasionadamente,
me dijo cien veces que estaba completamente loco por mí, mientras nos quedamos un rato
sentados en el living, trenzados en una interminable y muy exitante "franela".
Un rato mas tarde, a eso de las 10 de la noche casi, Enrique me dijo
que iríamos a cenar afuera, que me llevaría a un restaurant paquetísimo que me iba a
ancantar. Y así fué. Me llevó a un restaurant francés, muy íntimo, que queda en Punta
Chica, en la bajada Lanusse.
Luego de comer volvimos a su casa, me convidó con un cognac exquisito
que yo casi ni probé porque el alcohol me cae mal, y comenzó nuevamente la franela para
desembocar juntos en el dormitorio, donde me hizo el amor como creo que pocas veces un
hombre puede hacer.
Cerca de las dos de la madrugada yo pensaba cambiarme para volver a mi
casa, pero increíblemente Enrique la quería seguir. Me pedía que me quedara con él esa
noche y varias noches más; queria "tenerme para siempre". Yo me reí, le dije
que no fuera tan loco, y que mientras me pagara bien, podría tenerme de vez en cuando.
Mucho no le gustó, pero me dió ciento cincuenta dolares (!nada menos!), que yo, a muy a
propósito guardé en ese momento dentro de mi corpiño.
Nos besamos otra vez, le pedí que se fuera a acostar y cuando lo hizo
me cambié y me fuí. Ahora también me había convertido en un "gato" de alto
nivel. Si él seguía un tiempo en esta tesitura, ¿que cosas no le podría sacar? No
quería ni imaginarlo.
Hasta la próxima