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UNA NOCHE COMPLETA

Esa noche estaba dispuesto(a) a todo. Tenía, además de unas ganas incontenibles, todo el tiempo a mi disposición. De manera que con muchísimo trabajo, por mi falta de práctica, me maquillé completamente, después de estirarme la piel de la cara y sujetarla con tela adhesiva por detrás de la nuca. Agregado a esto la enorme capa de base, el polvo y el rubor, las arruguitas de mi cutis desaparecieron. Me pinté los ojos con delineador líquido, que me dió un trabajo de los mil demonios, curvé mis pestañas con rimmel y me pinté los labios con un carísimo lápiz rojo que no se corre ni mancha, es decir, queda permanente durante muchísimas horas.

Había mandado a peinar mi peluca, que quedó como nueva con lo cual mi cara quedaba perfecta. Luego de eso me vestí. Pero en lugar de hacerlo con algún vestidito mini medio berretón, le robé a Rosita de su vestuario traído de Paris, un hermosísimo traje sastre color salmón, abotonado bien abajo, es decir dejando los pechos casi libres, ahora que podía porque conseguí unos postizos que solo se notan si se los mira muy de cerca y que me tapaba el resto de mi propio pecho, cubierto todo por un body traslúcido de color negro, lo que realzaba aún más mis "nuevas tetas", siguiendo con una pollera corta y ajustada, con enorme tajo lateral medias negras y sandalias al tono de taco aguja de diez centímetros. Ah...las mangas del body llegaban hasta mis dedos y entonces les cosí unos anillos, de manera que quedaban sujetas por mi dedo medio y tapaban el vello de mis manos, a las que agregué unas hermosas y bien torneadas uñas postizas pintadas del mismo rojo que los labios.

Había logrado transformarme mucho, muchísimo mejor que otras veces. Estoy segura que en el periplo siguiente, es decir mi salida de casa y luego en mi pequeña caminata por la calle Santa Fé, nadie podía imaginar que yo no fuera una señora muy sensual como tantas otras que pululan por ese barrio.

Me sentí tan mujer que en un momento, me miré al pasar una vidriera y mi caminar era de una sensualidad que nunca había logrado antes. Y estaba muy feliz de sentirme así. Solo que eso solo no me alcanzaba.

Tenía la imperiosa necesidad de levantarme un tipo, pero no un gay o esos taxi-boys que andan patinando la calle. Quería ver si podía levantarme un verdadero tipo, aún con el riesgo de que, al ver que era un travesti, se ofendiera y hasta en todo caso me golpeara.

Mientras caminaba lentamente dos autos estuvieron siguiéndome y tratando de levantarme, pero yo me hice la idiota y no les di bola. Llegué hasta Callao y entré en una confitería "paqueta" donde solo hay gente mayor y seria, una de las más antiguas, el Petit Café, pedí un café y estuve sentada allí esperando que, a lo mejor, ocurriera el milagro.

Casi estaba por irme cuando el mozo se acercó y, con gran discreción, me entregó una servilleta que enviaba un señor sentado en una mesa distante con otras dos personas. Me estaba invitando. Lo busqué con la mirada y apenas con un leve movimiento de cabeza le hice entender que sí. Él esperó unos minutos, se levantó, se acercó a mi mesa, me pidió permiso y se sentó para inmediatamente invitarme a que saliéramos en su auto. Yo no pregunté adonde porque no hacía falta. Me dijo que lo esperara allî, que iría a buscar su auto así no tenía que esperarlo en la calle. Le dije que si quería lo acompañaba, cosa que aceptó encantado. Me paré - era bastante más alta que él - me tomó galantemente del brazo y salimos.

Mientras caminábamos una cuadra hasta el estacionamiento nos presentamos : El Dr. Adolfo Mendez Puig, abogado, casado, 56 años, tres hijos ; Marcela Gutierrez, licenciada en "peneología", soltera. Jamás le diría mi edad, y menos la verdadera.

Subimos a un hermoso Peugeot 405 y salimos. Parece que el hombre no tenía muy decidido donde ir y me preguntó que quería hacer. Le dije que estaba tan hermosa la noche que me gustaría tomar un poco de aire fresco y caminar por algún lugar al aire libre.

Fuimos por Figueroa Alcorta hasta la altura del circuito KDT, estacionó, nos bajamos y comenzamos a caminar, primero del brazo, sin hablar casi y enseguida me tomó primero por la cintura, acariciando al pasar muy suavemente mi culo y yo pasé mi brazo por sobre su hombre, apoyé mi mano en su nuca y suavemente lo acaricié.

Allí no pudo más, paró de caminar, se paró frente mío, me apretó contra él y me dió un beso de lengua que duró como mil años. Decir que clase de calentura tenia yo es más o menos obvio. Pero si puedo agregar que él estaba completamente al palo.

Cuando intentó comenzar a acariciarme las tetas lo paré suavemente y le dije..."mirá, yo no quiero ofenderte, pero te vas a encontrar con una sorpresa que quizá no te guste"... Me miró con cara de extrañeza y entonces le dije que había aceptado salir con él, de esa manera, porque me había parecido un caballero con todas las letras y que quizá el entusiasmo no me había dejado ver la relidad..."Yo no soy verdaderamente una mujer, aunque daría la vida por serlo para vos"...Adolfo volvió a mirarme sin entender y entonces le confesé que era un travesti.

No lo quería creer, no podía entender como había "caído así". Pero no se puso furioso,; por supuesto que se enojó y me dijo de todo por haberlo engañado de esa manera. Yo no lo interrumpí para nada y lo dejé desahogarse. Cuando terminó, lo miré a los ojos con la mirada más triste que podía poner y le dije solamente ..."solo te puedo pedir perdón"...

Me miró muy fijamente en silencio y luego musitó..."Vamos al auto"... Lo hicimos, y cuando estábamos sentados, se abrío la bragueta y me dijo..."por lo menos sacáme de esta calentura que me va a dejar un dolor de huevos terrible"...Me sonreí, le agarré suavemente la pija, empecé a acariciarlo primero y luego procedí a chupársela lenta pero firmemente, para hacerlo gozar lo más que pudiera. No tardó demasiado tiempo y acabó como un desesperado en mi boca. Cuando tuve todo su semen, me incorporé un poquito, lo miré y le mostré como me lo tragaba completamente, tras lo cual volví a chupársela hasta que se le bajó y se la dejé más limpia que antes de empezar.

Nos quedamos quietos y sin hablar durante un buen rato. Él estaba muy pensativo y yo no quería ni mirarlo. Pareció un siglo. De pronto soltó una carcajada que me sorprendió y me dijo muerto de risa..."mira Marcela, yo soy incapaz de hacer nada con vos. Estoy seguro de que no podría verte desnuda, pero igual te digo que hasta este momento me gustaste muchísimo". "Te llevo de vuelta hasta el centro y lo dejamos ahí, eh?"...

Suavemente le dije que sí, le pedí otra vez perdón y partimos. Cuando estabamos por Libertador como para subir pot Charcas, le dije que siguiera hasta Córdoba y me dejara allí. Realmente no sé por qué.

Lo hizo y cuando llegamos, antes de bajarme le dí un beso en la mejilla, le di otra vez las gracias y me quedé allí parada solita mi alma. El partió y desapareció.

Cuando estuve sola comencé a caminar por el bajo, casi sin rumbo fijo y sin saber que cosa podría hacer. Llegué casi hasta la Casa de Gobierno y de repente ví que un tachero me estaba siguiendo. Al intentar cruzar Bartolomé Mitre, me cruzó el auto y me preguntó que hacía solita y todas esas "bruteces" que dicen los tacheros. Era un morochón con muchísimo pelo algo canoso. Otra vez me hice la idiota y le pregunté si "estaba libre". Abrí la puerta trasera y me senté. Él arrancó, me preguntó donde quería que me llevara y le dije lo más suelta de cuerpo..." donde te dé la gana"...

Claro, lo dije de tal manera, con mi propia voz, que se dió cuenta inmediatamente quién o qué era. Entonces me entró a "piropear" de otra manera. Incluso me dijo que se había ensartado y creyó que era una dama, pero que no me preocupara, porque con él lo iba a pasar bien.

Rumbeó para la Costanera, eligió un lugar oscuro y estacionó. Antes de que eso sucediera, yo había comenzado a acariciarle la nuca, susurrarle en el oído como me gustaría que me "hiciera el amor", muy delicadamente, mientras le metía la lengua en la oreja. El hombre estaba "sacado".

Cuando paró el auto se bajó y se sentó atrás conmigo. Yo había tenido la precaución de bajarme la bombacha y las medias. así que solo tuvo que darme vuelta después de un gran beso de lengua y procedió a tratar de penetrarme. Se estiró lo más que pudo en el asiento y me sentó sobre él, de manera que su miembro entró hasta el re-mango.

Estábamos tan concentrados en eso que no nos dimos cuenta de que una pareja jovencita y de apariencia medio hippie se había acercado y estaba mirando embobada lo que hacíamos, y mientras lo hacían se estaban franeleando parados al lado del auto.

El brutote del tachero me la sacó y mostrándoselas a los chicos les dijo : ..."te juego a ver quién la tiene más grande, nene"... y abrió la puerta. El muchacho sacó su miembro y "lo mató"; por cierto que era bastante más grande que la del tachero. Entonces le dijo..."te cagué morocho"...El tachero se rió y le dijo..."entonces te presto este culito para que lo rompas mientras yo se lo hago a tu noviecita. Y fué ella la que contestó ..."dale papito vení, metémela toda, que éste la tiene grande al pedo y muero por coger con un hombre de verdad"...

El tachero se bajó, subió el pibe y me la metió en la boca, mientras el tachero se subía adelante, ponía de rodillas a la piba en el asiento y se la daba por atrás, de manera que mientras le hacía el culo a la nena esa, miraban como el chico me cogía a mí. Con muy poco margen de diferencia acabamos todos casi al mismo tiempo. Nos quedamos tirados un rato, hicimos la "cambiadita" y todo volvió a empezar. Esta vez el muchacho con su novia y el tachero dándomela a mí. Mientras nos cogían, estábamos la nena y yo frente a frente, de manera que empezamos a darnos unos tremendos besos de lengua y a franelearnos las tetas. Eso los calentó aún más, de manera que cuando acabaron, nos llenaron con un chorro de semen.

La verdad es que yo me había gozado todo. La noche estaba completita. Pero hay que reconocer que el tachero tenía algo de swing, porque al final dijo..."súbanse, que los llevo a todos de vuelta"... Eso hizo. A los chicos los dejó en una calle de San Telmo y a mí me llevó como si fuera una pasajera hasta la calle Santa Fé otra vez.

Me bajé en la esquina de Ayacucho, caminé otra vez un poco hasta llegar a Larrea, me subí a mi auto y me volví. Esa noche, que además y obviamente, estaba sola en casa, ni siquiera me desvestí. Me dormí después de un rato, pensando en lo bien que me había ido y cuanto más fácil serea en el futuro, ahora que por fin, me he animado a salir.

Marcela


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