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ban_historias.jpg (8733 bytes)La Virgen

Andrea es el nombre de una fantasía hecha realidad. Cuando esta historia comenzó ella apenas alcanzaba los 19 anos de edad, aunque a decir verdad aparentaba muchos menos, algo así como 16 un verdadero caramelo y sin desenvolver!. Físicamente mas que mujer fatal inspira mas bien ternura, una carita de ángel rematando un cuerpo digno de una obra de arte, lo pronunciado de su cintura en contraste de su espectacular cadera es lo que me ha dejado sin respiración en mas de una ocasión, debo reconocerlo. Y luego sus nalguitas paraditas que en intimidad parecen comportarse como chiquillas traviesas de orfanato (por aquello de que siempre están encerradas).De sus pechitos sonados me ocupare enseguida.

Debo confesar que no recuerdo cuando ni como comenzó, pero de repente una idea me empezó a dar vueltas en la cabeza. Andrea luce un frente mas bien discreto muy de acuerdo con la apariencia que mencionaba, cuando viste ropa entallada dos montanitas se levantan en su pecho como retando al instinto de alpinista. Sin embargo fue precisamente eso lo que robo mi atención, su exquisita apariencia, como si hubieran sido hechos a la medida... a mi medida. Ni de mas, ni de menos.; Desde que los imagine en mis sueños, se convirtieron en obsesión. Las modelos exuberantes de las revistas me fastidiaban, yo quería encontrar la forma, textura y quizá el color que deberían tener las virginales tetitas de Andrea. Me preguntaba, de que color y tamaño será la aureola de su pezón... y su sabor?...Definitivamente no podía esperar mas, la imagen de su cuerpo desnudo había acompañando en muchas ocasiones el desahogo solitario de mi ímpetu sexual. Sabia que quizá no lograría mucho... pero si tan solo alcanzara a acariciarle seria la gloria -entonces imaginaba- si eso sucediera lo haría con la mayor ternura, con mi mas profundo erotismo, con la pasión a punto de estallar, pero en una simple caricia... en esa tierna caricia le ofrendaría el mas intenso homenaje.

LA PRIMER CARICIA

Un día empezaría a despejarse el misterio. A las pocas semanas de que empezamos a salir, después de abandonar las aulas pude acompañarla hasta donde vivía. Ya de despedida y después de besarla mi pensamiento se ofusco por una idea: ahí estaban sus tetitas frente a mi pecho a unos cuanto centímetros de mi boca; mis manos como autómatas estuvieron a punto de irrumpir en su cuerpo, pero decidí contenerme, hubiera sido muy excitante de pronto subir hasta su pecho y apretar sus delicadas bolitas. Pero temí por su respuesta, después de todo gozaba de su compania y no deseaba hecharlo a perder, así de pronto opte por exponerle mi situación, le explique la fascinación que tenia por su cuerpo y pedí permiso para «morderle» uno de sus pechos, «aunque sea por encima de la ropa». Casi estaba seguro de su negativa, y así fue, sin embargo en medio de su sorpresa, un brillo de ingenuidad en sus ojos y un asomo de curiosidad que asalto su rostro hizo regocijarme y presentí que pronto vería premiada mi osadía. Por segunda vez tuve que contenerme entre mi nerviosismo natural y la angustia por la «proposición» sentía latir mi corazón ante la excitación y la posibilidad de ver coronadas mis intenciones, pero debía esperar, ella me respondió que no estaba preparada. Pero eso no importaba, esa noche poco pude dormir, el solo imaginarme que sus pensamientos estaban ocupados en mi y mis deseos sobre ella, me excitaba, por fin sabia que la deseaba, que necesitaba su cuerpo, no de niña, de mujer. No recuerdo cuanto tiempo transcurrió pero de pronto se presento la oportunidad. Fue en un viaje escolar a una ciudad cercana. Viajamos en compania del grupo de clases y mientras todos se encontraban ocupados en sus intereses Andrea y yo estabamos en los nuestros. Decidimos permanecer en el autobús y charlando entre un tema y otro, la acerque a mi y ella se acomodo entre mis piernas, ya eso era excitante, en alguna ocasión había sentido sus nalguitas reposar en mis piernas, fue una ocasión en que se vio obligada hacerlo por falta de espacio en el automóvil en que viajábamos, y fui precisamente yo a quien le toco «sufrir» con tremendo «paquetito», pero ahora era distinto estaba ahí conmigo y para mi. En ese preciso momento empece a sentir como mi pene se ponía erecto, pero sujeto en el pantalón, era difícil que ella lo sintiera y pudiera disfrutar de las reacciones que provocaba en mi.

Aproveche que el chofer del camión, único ser humano que permanecía a bordo de la unidad motora, se distraia,; para sentir de una vez por todas el terciopelo de sus senos y tras algunos intentos, logre introducir la mano entre sus ropas y por vez primera sentí como sus pequeños pezones notaron la presencia intrusa levantandose; como protesta por la intromisión. Pero en realidad, esa respuesta era ni mas ni menos la que yo buscaba, al principio no se notaba la diferencia en el volumen de su carne, pero a poco ahí justo en el montículo suave como los ositos de peluche, se empezó a levantar su rico pezoncito; no pude verlo pero lo imaginaba como el botón de una pequeña flor. Tendría que venir lo siguiente, el resto de mis sentidos reclamaban parte del suceso, no se conformaban con lo que el tacto les comunicaba, tenia que verlo y saborerarlo, pero...; lo inapropiado del lugar lo impidió. Antes de que nuestros compañeros regresaran al autobús, la bese en la boca, pero estoy seguro que ella compartió la sensación haciéndola llegar hasta sus tetitas.

Mi segundo intento, se condujo por otra estrategia, para mi beneplácito: exitosa. El segundo «permiso» que le pedí, en otra ocasión, fue para poder llegar con mi boca hasta su ombligo. Mi estrategia tenia dos objetivos, el primero gozar de una parte de su cuerpo que para muchas mujeres representa el umbral de su intimidad, e imaginarme así que estaba lamiendo su cosita, presente apenas unos centímetros abajo. Al menos eso quería insinuarle. Y el segundo, un pretexto para acercarme un poco mas hasta su prohibido regazo, alcanzar a rozarle con mi boca y sentir el aroma de su ser femenino. Fue todo un éxito. Después de esto, solo era cuestión de esperar. Tiempo después con el pretexto de elaborar un trabajo escolar y aprovechando que en el lugar en que yo trabajaba estaban disponibles unas computadoras, y como además era fuera del horario de trabajo, la invite y casi la presione a ir ahí porque sabia que el lugar debería estar solo. Apenas llegamos y encendí la maquina, por desgracia llego mi jefe!, Pero poco tardo en irse casi en complicidad no pactada, por lo que acercándome a Andrea empece a desabotonar su blusa y por fin ahí estaban frente a mi, eran todas mías.

En una reacción que rayaba en lo masoquista decidí aguardar un momento mientras observaba su corpino, estaba seguro que ahora si era solo su corpiño de color blanco, lo que separaba a esos manjares de mi boca. Lo desabotone y apareció ese par de turgencias duras como suelen tenerlas las niñas que apenas despuntan sus «pezoncitos», se veían preciosas, sus pezones y aureolas eran claras, apenas si un tono mas oscuro que su piel, no soporte la espera. No me ocupe mucho de lo demás, no recuerdo su expresión ni siquiera la vi, estaba extasiado de placer, pero el momento de retirarnos era inminente, de pronto pidió que la llevase a casa. Pero entonces era difícil cortar de tajo mi excitación me separe de sus tetas y le pedí (como si no fuera ya bastante emoción) que tocara mi miembro y lo conociera, a lo cual accedió, baje mi cierre y apenas si recorrí el calzón, el resto se lo deje a ella, mientras la besaba, con mi mano tímidamente acompañaba la suya hasta mi palo, al sentir su manito envolviendo mi estaca sentí un escalofrío desde el vientre hasta la espalda.

Dejo mis labios y ahora podía ver su cara, ella dirigió su mirada a mi pene que sobresalía entre el pantalón y a decir verdad parecía atónita, tiempo después me revelaría el por que, después de observarlo por un rato sucedió lo insólito ¡pedía mi autorización para darle «un besito»! Y yo sin asimilar todavía lo que me esperaba lo consentí no sin antes poner una «condición», ¡deberían ser dos, Tímidamente y con cautela iba bajando su cabeza hasta el encuentro con mi apéndice sexual, que permanecía tieso a mas no poder, hasta que finalmente sus labios se pusieron en contacto con mi glande, fue algo indescriptible, la humedad de sus labios vírgenes envolviendo la cabeza de mi pene y su cálida lenguita haciéndome retorcer de deleite. Hasta allí llegaría todo esa vez. Esa noche se prolongo aun mas mi insomnio. Por primera vez y de manera inesperada, Andrea estaba propinándome la mas rica mamada. Sobra decir cuantas veces me masturbe, ni yo mismo las recuerdo, quede exhausto esa noche, en mi cama sentía sus manitos recorrer mi pene, su boquita humedeciéndolo una y otra vez, y yo imaginando que acababa una y otra vez en su cuerpo y en su cara, terminando por depositar mi semen en su boca como trofeo a su hazaña.

POR FIN MIA

Al día siguiente yo estaba decidido a gratificarle por su acción, por lo que al terminar la clase y casi sin mediar palabra nos dirigimos hasta su domicilio, casi como autómatas, no era difícil imaginar lo que iba a suceder. Fui directo, era justo que yo intentara compensarle todo el placer que me proporciono el día anterior.

-Quiero regresarte tu caricia. Le dije.

Opuso un poco de resistencia, pero luego de desprenderle de sus ropas, reconociendo el camino andado chupe sus pechitos de nuevo y lamí desde su vientre al tórax lentamente. Hasta ese momento solo en mis sueños había imaginado el resto de su cuerpo y estaba dispuesto a hacerlos realidad. Desabotone entonces sus jeans y los baje hasta el piso. Yo permanecía sentado en una escalera que da a su cuarto mientras ella estaba de pie, eso facilito la tarea. Al hacer descender su prenda quedo ante mi un espectáculo fascinante, que de solo recordar me babeo, su cuerpo era mas hermoso de lo que lo había concebido, el tono de su piel, sus nalguitas eran mas paradas y redondas de lo que normalmente se ven dentro de su pantalón. Desesperado fui al encuentro de mi presa, algunos pelitos delataban su presencia, ahí estaba, chorreando en jugos, caliente y sabrosa, luego del reconocimiento riguroso de mis dedos, estos abrieron paso a mi lengua. No soy paciente ni en mi narración. Irrumpí directamente, sus labios lubricados y tiernamente rosados deseaban ser comidos.

Ya era mucho esperar, lamí por todos lados, hubiera querido tener una lengua de 20 centímetros, aquello era el platillo sexual; mas rico que había probado, de su vagina subía a su clítoris y bajaba de nuevo. Alargaba hasta donde podía mi lengua por su vagina, como queriendo reconocer el camino para ir a comunicárselo a su impaciente cómplice que aguardaba su turno en posición de ataque.; Solo quienes han vivido la experiencia pueden entender el orgullo del triunfo casi olímpico que representa el saciar el apetito masculino en unos labios vaginales vírgenes. No podía perderme semejante banquete. Así estuve durante un buen rato, disfrutando de sus jadeos, hasta que llego el momento de penetrarla. Yo aun indeciso, realizaba rituales asegurándome de lograr su disposición.

-¿Vas a introducirlo?, Me pregunto y en realidad esa era la señal que esperaba. Fue como una invitación, sin negociarlo mucho nos tiramos sobre la alfombra del living y me puse atrás de ella. prepare mi arma y con ella en mano, realice el primer ataque. A pesar de su lubricación ella emitió una lógica protesta; protesta que hizo mas intenso el placer, la entrada de mi verga causaba dolor en su virgen conchita, peor era para ella, todo eso me ponía mas erecto, por lo que decidí cambiar de posición, con mi preciosa chica boca arriba opte por atacarla de frente, eso facilito la acción. Poco a poco se la fui metiendo, entre quejidos de dolor y gemidos placenteros, deliciosamente abría sus carnes para explorar la pasión de mi linda Andrea. Yo hacia esfuerzos sobrehumanos para evitar la eyaculación que se hacia cada vez mas incontenible, eso fue en realidad muy desagradable yo deseaba hacer gozar mas a mi chiquita pero esa primer experiencia hizo que yo mismo me desconocía, apenas el mínimo movimiento de mi pene dentro de su cálida cuevita, encendía el foco de alerta; y es que no era para menos, sus paredes vaginales suaves y húmedas envolvían y apretaban «cariñosamente» su presa amenazando con exprimirlo. A punto del clímax suavemente lo saque de su «tormentoso» presidio y vacíe su contenido en su abdomen. Algunas gotas de mi leche cayeron en su estomago y pecho pero la mayor parte fue recogido por la cavidad de su ombliguito como natural recipiente. El solo recordarlo ha hecho que justo en este momento «desperdicie» una ración del mismo liquido.

ME LO CHUPA UNA Y OTRA VEZ

Admito mi perversión y creo que cualquier hombre que se precie de serlo sabrá comprenderme, meter mi verga en el conchita de Andrea fue la experiencia mas gratificante para mi ser masculino, (cosa que por cierto se ha repetido varias veces mas) pero verla en su boquita y sentir su lengua que lo recorre de arriba abajo y sus chupaditas, me hace delirar. De las veces que he sentido tal experiencia de forma extraordinaria sobresalen tres. Dos de ellas sucedieron durante nuestros primeros encuentros. Después de varias mamaditas divinas, que me regalaba Andrea a veces en su casa y otras en el auto, recuerdo una vez que bailamos en una disco hasta muy entrada la noche, luego de literalmente hacer el amor frente a todo publico con nuestras bocas, nos dirigimos hasta su casa, pero antes de llegar nos detuvimos en una calle oscura.

Allí nos entregamos mutuamente en caricias. Las manos hacían fuerza para invadirnos, una de las mías apretaba su tetita derecha mientras la izquierda estaba dentro de mi boca, para luego bajar hasta su entrepierna y mojarla en su manantial sexual y llevar hasta mi boca sus ricos jugos. Mientras ella con ambas manos apretaba y disfrutaba de «su palanca de copiloto». Al bordo del éxtasis le pedí que lo acariciara como solo ella sabia: con su boca y labios. Volqué el asiento del auto para atrás y en un momento podía acariciar el terso cabello de su cabeza que se reclinaba sobre mi regazo. Entonces podía sentir como en esta ocasión engullía casi en su totalidad, llegaba casi hasta su garganta. Sentía como sus dientecitos; jugueteaban suavemente sobre mi glande. Estuve a punto de explotar dentro de su boca, pero una reacción automática me hizo retirarme. Pero ahora me arrepiento; de haber sabido que contaba con su autorización. Andrea y su cuerpo han sabido siempre gratificarme, soy un adicto de su sabor. Sus tetitas cada vez que las chupo me dejan sentir su esencia agridulce; que aunque su evacuación produce cierto escozor en ella, en realidad todo parece que esta normal y seguramente seguiré disfrutando de su «lechita» por mucho tiempo, y en lo que respecta a las emanaciones de su sexo, son de lo mas exquisitas, si pudiera estaría siempre pegado a su entrepierna. Otra de las escenas que vienen a mi memoria es una vez, antes de metérsela, me la mamo de una forma especial. Con el asta en posición y sentado en un sillón, de pronto Andrea la envolvió totalmente con crema de leche; y la lamió de una manera que nunca había imaginado, hasta dejarla completamente descubierta, esa es una experiencia que recomiendo ampliamente. Finalmente, y aunque en algunas ocasiones hemos coincidido con fabulosos 69´s el ultimo de ellos difícilmente olvidare, también sucedió antes de penetrarla con mi posición preferida: Ella sobre sus extremidades y yo con todo el esplendor de sus nalguitas y hoyitos que se ofrecen ante mi, cogiéndome a mi princesita. Fue un inolvidable 69, ordinario quizá, pero solo ella y yo podemos comprenderlo.

FIN

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