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Esa madrugada, no recuerdo bien si era un viernes o un sábado, el hecho es que Matilde no tenia obligaciones profesionales ese día y después de nuestra disputa nocturna por razones de las que tampoco me acuerdo, volví a su casa, éramos vecinos y pense que le debía una explicación, sobre no se que, porque con mis amigos bebimos algunas de esas botellas que borran parte de la memoria y te dejan con sensación de fiesta eterna, por tal razón no me pareció grave ni fuera de lugar ir y saludar a Matilde, para decirle que en lo que mi concernía todo estaba muy bien respecto a ella y que abandonara esa actitud de rechazo que había adoptado durante la noche. Toque el timbre poniendo mucho cuidado en no equivocarme, Haberlo hecho hubiera significado desatar una guerra nuclear, Matilde vivía en sandwich en esas viejas casas del centro. Como por milagro la puerta se abrió y con mas rapidez de la que me esperaba, pero los chocolates negros derrotaban el vaho alcohólico, a pesar que a veces me tambaleaba como el beodo en que estaba transformado en esos momentos. Matilde sabia de amor, me miro y dijo: -Hola, pasa, date una ducha... Apenas alcance a saludar y a tratar de hilvanar una frase amable, igual me alcanzo a salir que estaba muy bonita antes de meterme en el baño y ducharme a las cuatro y cuarenta y cinco minutos de esa mañana. Matilde había vuelto a su cama, hacia frío, mastique mas chocolate mientras me secaba con una deliciosa toalla tibia. Por ningún motivo tenia ganas de quedarme doblado como un pan raro en un sillón o en el sofá, de modo que con mucho tacto me dirigí a su habitación preparado para la andanada de proyectiles verbales y no tan verbales que pudieran provenir de la sorpresiva Matilde durmiendo de cara al muro. Me introduje en el lecho con calma y, o bien la mujer dormía profundamente o simplemente le daba lo mismo que la acompañara. Pero ocurrió algo mejor, adormilada como estaba la atraje hacia mi mientras ella tomaba el triple conjunto de mis huevos y mi verga para acariciarlos con la sabiduría que ella solo conocía, concentrándose en los saquitos testiculares jugando con ellos como si se tratara de frutas, todo esto empezó a provocarme una erección de esas en las que se teme perder el glande o una seria distensión del frenillo, no paso nada -Dejalo ahí- susurro con una voz secreta y ardiente. Seguí entrando sin apuro, como si quedaran muchas horas, días enteros antes que la luz del sol viniera a reunirse con nosotros en esa habitación. Nunca había dado a alguien, "por el culo" como se dice tan a secas", Matilde engullía casi con furia mi envergadura y no me quedaba otra que dejarme hacer. Solo el temor de eyacular en medio del sexismo que me ofrecía esta especie de tierra que tenia entre mis brazos y mis piernas me sacaba un poco de lo bien que me sentía y lo estaba pasando, pero no se decir si fue el efecto del vino y los chocolates, o la ducha previa, la historia es que cuando se canso de entradas posteriores, tenia la sensación de que nada seria capaz de bajarme el mástil de la posición en que me lo había dejado. Corrí al baño a lavarme un poco y ni siquiera el agua que salió fría ya que tarda en calentar en invierno y había que volver rápido al nido donde tanto amor nos estaba esperando, fue capaz de quitarme mi ardor y mi solidez. El final fue apoteósico y cuando volví Matilde no dejo de preguntarme que me ocurría, esas típicas preguntas que pueden responderse o bien pueden ser automatizadas con un "te quiero" de homenaje, ya que nada me hacia pensar que seriamos capaces de pasar el resto de nuestros días juntos. Cada cual sabia que a veces, en madrugadas como esta, que se reproducían de tiempo en tiempo en tardes o noches desaforadas de amor siempre volvíamos a encontrarnos para gozar de nuestros cuerpos transformándonos en simples flores del jardín de la vida. FIN |
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