Era de estatura mediana, piernas largas, estrecha cintura y
gluteos protuberantes, dejaba una ola de perfume a su paso por la oficina donde trabaja
conmigo como contadora. Mujer fría decían algunos por aquello de los números, pero su
personalidad reflejaba lo contrario. A veces usaba un traje color negro los que realzaban
lo nacarado de sus pechos blancos, redondos y firmes que adornaban la silueta de su
cuerpo. Era viernes y como cada fin de semana la ciudad se convertía en un reto para
quienes se disponían a abandonar sus trabajos y entregarse un poco al esparcimiento. El
plan era ir a bailar a un lugar llamado La Cueva y yo, en mi calidad de jefe de la oficina
me había sumado al grupo con la idea de fortalecer las relaciones laborales. Cuando
llegamos al lugar, por una rara coincidencia me correspondió sentarme al lado de ella,
que esa noche llevaba un traje rojo con blusa blanca y un pañuelo anudado cuyas puntas
caían apenas abajo de sus pechos, semidescubiertos por la camisa que llevaba puesta. Pese
a que la música tenia un sonido estridente que apenas dejaba escuchar lo que se comentaba
en el recinto, los integrantes del grupo charlaban animadamente al compás del ritmo de la
música. Cuando salí a bailar con ella, que minutos antes se había quedado mirándome
fijamente, note en ella un brillo especial en sus ojos. De pie, movidos por los acordes,
ella se me pego mas de la cuenta. Yo estaba un tanto sorprendido y mis ojos no dejaban
escapar detalle de como se movían ese par de senos grandes y duros.
- Que paso que callado te quedaste, me dijo.
- Lo que pasa es que no te conocía bailando, realmente es agradable ver como te
moves.
- Y me se mover mucho mejor.
- No lo dudo, con apenas 25 anos a cuestas, debes ser una mujer sumamente ágil.
- Y, sobre todo, ansiosa, no te olvides.
- Ansiosa, de que, pregunte un tanto ingenuo.
- de lo que todas las mujeres tienen en la cabeza a esta edad, de sexo.
- Bueno, es que no es usual que alguien hable así, de manera tan directa.
- A mi me gusta hacerlo contigo solamente, porque me gustas mucho. Creo que sos un
tipo de los que me gustan: fuerte, pujante, sensual, abierto y dispuesto a disfrutar de
los dones que la naturaleza nos proporciono. Por ejemplo veo ese culo que tenes y me dan
ganas de agarrártelo y apretarlo con las manos
- No sabia que te gustaba.
- me gusta y mucho, por eso estoy aquí moviéndome como loca para que veas como
mis tetas se mueven esperando que las veas.
En eso estabamos cuando la música paro y nos fuimos de la pista para sentarnos con
el resto. Eran mas de las doce y algunos empezaron a despedirse. A ella le ofrecieron
llevarla su casa, pero ella agradeció la invitación y muy segura dijo que yo me había
ofrecido a acompanarla hasta el departamento donde vivía con sus padres. Cuando salimos
la lluvia se había desatado y la gente corría a sus coches, mientras otros estiraban la
mano para parar un taxi. Nosotros nos subimos a mi auto y ella me pidió que fuéramos
hacia las proximidades del bosque de Palermo.
-Sí no te molesta, esperamos un poco mientras pasa la lluvia y aprovechamos para
halar un poco, que te parece ?, me susurro casi al oído
-Está bien, le dije. Por la lluvia los cristales del auto estaban empanados y la
oscuridad prácticamente no dejaba ver nada de afuera hacia dentro.
- Oime, Carlos, yo se que vos sos casado, verdad.
- Si no pretendo ocultarlo.
- Yo siempre tuve curiosidad por saber como empezas a hacer el amor.
- Como todo el mundo supongo.
- dejame decirte que pareces estar bien dotado.
- Por que ?.
- Porque se te ve en el pantalón, fuertes piernas, buen trasero y me imagino que
un pene de buen tamaño. Me dejas tocar.
Ella se desabotono un poco la blusa y con sus manos largas
empezó a acariciarme por encima del pantalón, bajo el cierre y saco mi pene.
-Pero que cosa mas bonita, mira que pija tan hermoso tenes, tu
esposa debe estar contentisima cada vez que se lo metes.
- Te gusta?
- Me encanta.
- T e gustan mis labios.
- Por supuesto.
- Entonces dejame besártelo.-
Ella inclino la cabeza y con una mano sostuvo mi pene y con la punta de su lengua
empezó a lamerlo y poco a poco se lo fue introduciendo en la boca hasta la garganta. Una
y otra vez se lo metía y se lo sacaba. Yo la sostenía de la cabeza por el pelo y se la
empujaba hasta que casi se atragantaba.
- Ay, Carlos, casi me desmayo, vos tenes la culpa de que a mi me
guste tanto tu verga. Pedime lo que quieras, si lo preferís eyacula en mi boca. Pero no,
mejor llevame a un hotel y ahí te la chupo mejor. Cuando llegamos al hotel ella se saco
la ropa, el corpino y una diminuta tanguita que llevaba puesta. Sus pechos eran enormes,
su vello pubico era ligeramente dorado y tenia unas nalgas preciosas.
- Veni,, dejame desvestirse: Me saco la campera, la camisa, los
zapatos, las medias, el pantalón y el slip. Estabamos completamente desnudos. Por
supuesto que yo estaba excitadisimo.
- Así quería tenerte, Carlos, como Dios te trajo al mundo, para disfrutarte a
solas.
Me pidió que me quedara parado y ella se puso de rodillas para
empezar a lamer con su lengua mi vello pubico. El espejo que quedaba atras de ella
reflejaba un par de nalgas abiertas con una vagina rosada que se contraía cada vez que
ella empezaba a lamerme los testículos y el pene. Yo la tome de la cabeza y le hundí el
pene en la boca. Era una mujer que lo sabia hacer; con su lengua y sus labios hacia que
casi me desmayara. Te gusta como te la chupo, decime que si porque a mi me encanta que me
la metas en la boca.
-Luisa quiero metértela.
- A Donde me la queres meter.
- En el culo.
- Es que ahí nadie me la metió, y creo que me puede doler.
- Por que no probamos, tal vez no sea doloroso y te guste.
- De que me va a gustar, me va a gustar. Bueno como me pongo, decime.
- Subite a la cama y ponete así como estas, en cuatro, para que te la meta hasta
dentro.
- Ella se subió a la cama e inclino la cabeza hacia bajo y las
nalgas las separo hasta que las puso bien paradas. Yo agarre la jalea que ella traia y me
unte en el pito y a ella le embadurne el ano. Primero se lo puse en el orificio y luego le
sujete la espalda con una mano y con la otra la agarre de la cintura hasta penetrarla de
una sola embestida. Ella gimió pero empezó a jadear. Yo empujaba hasta dentro y estaba
completamente fuera de si.
- Ay, me duele, pero me gusta, metemela hasta dentro, pero no eyacules, quiero que
lo hagas dentro de mi boca, quiero saber a que sabe tu semen.
- Cuando estaba a punto de eyacular, se lo saque, y ella con lagrimas en los ojos,
me pidió que me levantara.
- Es doloroso pero que lindo es que le metan a una la verga por el culo. Dejame
limpiarte un poco. Cuando quedo limpio ella empezó otra vez a mamar. Ahora si y metemelo
todo, como a una puta, hasta dentro, aunque me ahogue.
- Se lo metí y ella con la lengua recorría cada centímetro del glande, hasta que
la sujete por la cabeza y eyacule dentro de ella. Eran borbotones de semen los que salían
de mi glande. Hasta su pelo se ensucio, pero cuando salimos del lugar, todavía aun antes
de entrar a su casa, como no llevaba tanga puesta ni corpiño, echamos el asiento hacia
atrás y cogimos como nunca antes lo había hecho. al final, cuando nos despedimos, solo
dijo, nunca me había cogido a nadie así. El lunes en la oficina lo repetimos hasta que
te canses de mi. Obviamente, pasaron algunos años antes de que se casara y yo me
resignara a perderla.