EVA de ABRIL |
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SOL |
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CUESTION DE DEBUTANTE
Que etapa no?. Esa previa al debut sexual, no
sé como será para la mujer, pero para el hombre es una etapa que cuanto antes la quemes
mejor, o sea, es cuestión de ponerla cuanto antes sea posible para sacarse el maldito
cartel de virgen. No es solo que te lo quieras sacar para los demás, sino que uno mismo
quiere saltar la barrera a la supuesta felicidad y de paso, sacarse ese incomodo
dolor de huevos producto de la erección constante de nuestro miembro viril.
Bueno, así estaba yo, no sé si será el caso de todos los hombres, pero para mí el
saciar esa necesidad era una cuestión de vida o muerte. Yo igualmente prefería que mi
debut fuera con una mujer que amara, pero las únicas que me amaban en ese entonces, eran
mis manos. Bueno, tampoco era para tanto, me daba duro y en serio, pero a veces tenía
alguna que otra felicidad marcada por otras manos, o como mejor diría mi amigo el
Ñato: "¡¡¡¡¡me tocaron y no era mis manos!!!!!!"
Nunca me voy a olvidar la sensación que provocó en mi las primera ves que unas manos
femeninas tocaron mi escultura carnal. Era algo tan sensacional que elevo mi ego por los
cielos y bajo mis huevos a la tierra. Ah, me olvidaba, perdón (es que a veces me
emociono de solo recordarlo...), la historia transcurrió así: Era verano y yo
tenía entre trece y catorce años, estaba pasando mis merecidas vacaciones en una playa
luego del año escolar (sinceramente y para variar, poco exitoso). Debajo del
departamento en el
cual estaba con mi familia, vivía una niña que no estaba para nada mal. Así que como
quien no quiere la cosa, la conocí. Luego de un tiempo ya andábamos a los besos de aquí
para allá, pero yo de besos sabía (se agrando el pibe, no?), entonces andaba buscaba
algo más, pero se tenía que dar la oportunidad y el lugar, hechos importantes para esa
edad. Así que una noche nos quedamos "chapando" (siempre quise usar esa
palabra) hasta las dos de la mañana en el sillón del living de su departamento.
Era una sensación linda, pues nos besábamos y nos tocábamos, mientras estabamos atentos
a que ninguno de sus tíos se despertaran. Imagínense, luego de dos horas de besar y
toquetear, yo ya estaba más caliente que la Lewinsky cuando se arrodilla.
Así fue que mientras besaba sus senos, acerque la mano de la niña al fierro caliente que
estaba debajo de mi bragueta y en un segundo, se fundieron en un movimiento sincronizado y
suave. No recuerdo cuanto tarde en acabar, pero cuando lo hice, desparrame todo mi ser en
el sillón, plastificándolo en forma impecable.
Luego de pasarle un trapito al almodon y dejarlo al revés de cómo estaba, me retire del
lugar de los hechos hacia mi departamento, por lo cual solo tuve que subir unos escalones,
abrir una puerta e ir hasta mi habitación, en la cual me esperaba mi cama en donde
depositaria mi cuerpo a descansar, pero ¿lograría encausar el sueño esa noche?. Tarde y
mucho, imagínense, era la primera vez que mis manos no tenían nada que ver con una
eyaculación. Me acuerdo que tenía la ventana semiabierta y el reflejo de la luna
iluminaba justo a mi pene, el rey de la noche. Yo lo miraba y me sentía tan orgulloso de
él.
Le decía "Campeón, viste que a veces no es tan malo cinco contra uno "¿pensabas
que el único sexo que ibas a tener en la vida era el de mis manos? " "Lo
logramos titán,
viste que no te iba a defraudar". Entre diálogos inimaginables esa noche se hizo
eterna.
Al otro día caminaba por la playa como un dandi, sentía que caminaba por encima de los
mortales, que nadie podía emular tal hazaña, mi cabeza erguida estaba por sobre el
resto, no tuve que contarle a nadie, pues en ese momento mi actitud egocéntrica
estaba por encima de las palabras.
Así de rápida fue esa experiencia y así de rápido termino esa historia, puesto que el
verano termino tan velozmente como ese momento y no volví a ver a ver a la señorita en
cuestión, pues yo volví a mi pueblo y ella al suyo, yo volví a recurrir a mis manos y
supongo, que ella a las suyas. Como verán, fue una linda experiencia pero no concrete lo
que todo hombre desea completar. Además me di cuenta de que al final no había sido tan
genial lo mío, dado que cuando volví al colegio, otros contaron mejores experiencias, o
sea, la habían colocado y yo no.
Así que lo mío era una mezcla de éxito y fracaso. Pero a esa edad no hay tiempo de
andar desilucionandose, así que ese año tenía que cumplir mi meta fuese como fuese. Yo
mantenía mi ilusión de que tal hecho se produzca con mi novia, o sea con alguien que
quisiese, pero como mi pareja solo estaba en mi ilusión, solo podía imaginarme como
sería. Y bueno, ese año fuimos a un viaje de rugby a Bahía Blanca y las condiciones
estaban dadas para el gran suceso. Sesenta pibes sueltos en una gran ciudad, en donde
nadie te conocía y por lo tanto, a salvo del chusmerío de pueblo.
Así que llegamos a la ciudad y nos alojaron nuestros contrincantes en sus respectivas
casas. Fue así como yo fui a parar a la casa de un pibe que a los 14 años
parecía más un cafillo que un niño de mamá y papá. Este se llamaba Mario y lo primero
que me pregunto cuando nos quedamos solo fue:
¿Qué querés hacer esta noche?. Y yo le dije lo de siempre: "y seguro que nos vamos
a juntar con los chicos en un pub para luego ir al boliche" Se ve que esa idea
en los planes de él era secundaria, pues me dijo si yo quería podíamos ir a un cabaret
que él conocía y luego sí me quedaban ganas, íbamos ir a bailar. Yo sin dudarlo
me prendí a su propuesta y corte clavos hasta que esta se hiciera realidad.
Así que cenamos con la familia de él, en la cual tuve que aguantar el tiroteo de
preguntas habitual. Yo estaba acostumbrado, puesto que cada vez que nos alojaban en
diferentes lugares de la argentina, nos preguntaban de todo respecto a nuestras vidas,
pero esta
vez estaba realmente nervioso, puesto que sabía que algo importante estaba por suceder y
quería desaparecer rápidamente de esa cena para concretar lo que tanto anhelaba.
Debo admitir que a veces las charlas que se suscitaban en las diferentes casa donde
parábamos me sorprendían, una vez en Mar del Plata me preguntaron si en Trelew (ciudad
de donde provengo) existían los autos y los teléfonos.
Recuerdo que a la sorpresiva pregunta le agregue una sorpresiva respuesta: "No, en
Trelew andamos en carreta y nos comunicamos con señales de humo". Pero esta vez la
charla fue más normal, así que solo tuve que esperar a que terminara y partir tipo doce
de la noche al lugar crucial. Pasamos antes por la casa de otro compañero de él en donde
se alojaba también un compañero mío, que también había aceptado sin muchas vueltas el
desafío.
Mientras nos acercábamos al cabaret, mis deseos de concreción se iban transformando en
cagaso de debutante. Tenía ganas de pegar la vuelta e irme a dormir, me temblaban hasta
los huevos, tenía un nudo en el estomago, pero era muy tarde para echarse atrás dado que
ya estabamos en la puerta del cabaret y Mario ya estaba haciendo las tratativas para
entrar.
Entre al lugar como si fuese una cuestión habitual en mi, pero mis calzoncillos no
dirían lo mismo. Mi mirada de asombro era indisimulable, mis ojos eran dos huevos fritos
y mi cara estaba pálida como teta de monja. No era para menos, jamas había visto tantas
tetas desnudas en vivo (solo las había visto en películas). Era una situación rara pero
excitante eso de ver pasar con total naturalidad a las señoritas en bombacha y sin
corpiños, mientras atendían a las mesas llenas de hombres en el cabaret.
En fin, estabamos sentados en una de las esquinas del cabaret tomando una cerveza para
sacarnos de encima ese "temblor" que teníamos dentro cuando Mario me pregunto:
¿Y, cual te gusta?.
Él ya había dado ciertas muestras de conocer a la mayoría de las chicas y yo era
la incertidumbre en persona. Como advirtió mi indecisión, me recomendó a una de ellas y
la llamo. Ella vino y se sentó en mi falda, comenzó a hablarme de cerca, mejor dicho, de
muy cerca y deslizo su mano al lugar indicado para terminar con mi indecisión. Así que
sin dudar más le dije "vamos" y nos dirigimos hacía la barra en donde estaba
el señor "que abriría el telón hacia la felicidad.
Entonces me dijo, son veinte pesos y mi sueño pareció desvanecerse, pues solo tenía 10
mangos. Le dije que me aguardara un segundo y en un suspiro estaba rogándole a mi
compañero que me salvara la cabeza o mejor dicho" que me dejara usarla". Este
accedió y fui como chíflete hasta la señorita, quien le dio diez pesos al de la caja y
ella se guardo la misma cantidad.
Toda la confianza que había adquirido se derrumbo cuando Susi (perdón, me había
olvidado de presentarla) corrió el telón. La escena supero ampliamente mi imaginación,
detrás de ese telón se encontraba un gran salón con sillones que estaban repletos de
tipos cogiendo. Para ser más claro, yo tenía catorce años, no había tenido sexo mas
que en mis sueños y estaba presenciando a por lo menos veinte tipos que podían ser mis
padres haciéndolo como si en esa noche llegara el fin del mundo. Susi advirtió mi
palidez, me tomo de la mano y me llevo hasta un sillón al fondo del salón, o sea, cruce
por el medio de tipos pelados y gordos, flacos y canosos, que no se alteraron en lo más
mínimo al advertir mi presencia, es más no sé si siquiera la advirtieron, pues estaban
demasiado concentrados en lo suyo (con el correr de los años me di cuenta que es en
verdad, en lo único en lo cual nos concentramos realmente los hombres).
Cuando llegamos al sillón de dos plazas, me senté y cuando erguí mi cabeza ella ya no
tenía puesta su prenda inferior, por lo cual estaba completamente desnuda y yo
completamente vestido. Me miro y me pregunto si esta sería mi primera vez, por supuesto
que yo mentí despiadadamente aduciendo que yo ya lo había hecho con una novia que había
tenido. No sé si se lo creyó o no (creo que la segunda opción es la correcta), entonces
me saque la ropa decidido a terminar con la odisea, gran fue mi sorpresa cuando me di
cuenta que mi "gran campeón" estaba escondido entre los matorrales de
mi entrepierna.
No es nada, me dijo ella y se encargo de resucitarlo con su boca. Entonces "Tarzan"
salió de la selva cabeza bien en alto. Cuando termino de darle ánimos y se dispuso
a empezar a cabalgar en mi cuerpo, advertí que "Tarzan" ya estaba
camuflado por un látex, así que solo fue cuestión de intentar disfrutar del momento. Su
cuerpo era realmente hermoso, era flaca pero bien proporcionada, tenía una cola bien
marcada, cintura delgada y tetas pequeñas, las cuales intente atrapar con mi boca durante
todo el acontecimiento. Saltaban para todos lados y yo era el encargado de detener
paulatinamente sus movimientos.
Mientras tanto ella exclamaba: "Si cachorro, hay si cachorro". Debo admitir que
me causaba gracia mi nuevo apodo, por lo tanto no me causaba para nada enojo, pues
comprendía en la situación en la cual nos encontrábamos ambos y ese era el apodo
correcto para la situación, pues ella podría ser mi madre, ya que yo calculaba que
tenía entre 35 y 40 años. Fueron unos diez minutos de cabalgata continua sin cambiar de
posición, o sea yo sentado y ella arriba mío observándome y gimiéndome (no se rían,
sé
que no lo hacia por el tamaño de mi "gran campeón"). Sentí un cosquilleo pero
no dije nada y seguí un par de minutos más. Ella se detuvo y me dijo: ¿Ya terminaste
cachorro? Yo le dije que me parecía que si, entonces nos fijamos y ella comprobó que mi
profiláctico estaba bien relleno de la sustancia en cuestión.
Cuando salí del salón, mi compañero de equipo entro con la misma chica que yo, lo
único que diferenció mi experiencia a la de él, es que como él era rubio ella le
decía: "Sí ruso, hay si rusito". Esa noche ya no tuve ganas de hacer más nada
y me fui a dormir ya que al
otro día jugábamos al rugby (cuestión por la cual habíamos viajado a Bahía Blanca,
no?) y yo ya había gastado parte de mis energías antes del partido, por lo cual debía
descansar.
Recuerdo que esa noche dormí feliz, contento y tranquilo, no porque hubiese sido
espectacular mi debut en las pistas del sexo, sino porque ya no era más virgen, me había
sacado por fin ese gran peso de encima que tenemos los jóvenes a esa edad. Pero el peso
que no me había sacado de encima era la deuda que tenía con el "ruso".
Una cosa es deber plata en tu pueblo, otra es hacerlo en una ciudad ajena, puesto que la
plata es escasea en estos viajes y hay que cuidarla, él me había hecho ese préstamo y
se
había quedado sin nada luego pasar por Susi. Al otro día jugamos el partido y luego de
que este terminó, mi única preocupación era que tenía que conseguir el dinero
para caducar mi deuda (además no quería que la noticia trascendiera mucho). Mi padre nos
había acompañado a ese viaje como médico del plantel, así que fui con mi mejor cara de
perrito abandonado y le dije: "papá me prestas diez pesos para salir esta noche".
Me los dio, pero por supuesto que nunca llegue a salir, fui derechito a donde estaba el
"ruso" y pague mi deuda. Al otro día nos subimos todos al micro que nos
llevaría a todos de vuelta a nuestros pagos y yo estaba tranquilo porque la noticia de mi
experiencia no
se había difundido mucho, así que me encontraba descansando con total normalidad en uno
de los asientos cuando a mitad de viaje sentí que todos mis compañeros se pararon y
empezaron a corear y aplaudir: "Y Diego debuto, y Diego debuto", etc.
La sonrisa de mi padre y de mi entrenador no se hizo esperar. Yo estaba todo colorado
mientras mi padre me decía: ¡¡"Me salió saladita tu "salida" nene"!!.
Entre risas de mis compañeros, cargadas y palmadas de felicitaciones, realice uno de los
más largos viajes de mi vida, no por la distancia sino en cuanto al tiempo, me parecía
no llegar más
a Trelew.
Cuando al fin llegamos, mi calvario todavía no había culminado, pues mi madre nos fue a
buscar y a mi padre no se le ocurrió mejor idea que la de alcanzar al entrenador a su
casa. En el trayecto mi madre le pregunto si yo había jugado bien a lo cual el entrenador
respondió: "No sé si el nene jugo bien dentro de las canchas, pero afuera de ellas
lo hizo en forma espectacular". Por supuesto no tardaron en llegar las carcajadas de
mi padre y el entrenador, seguido por una mirada fija de mi madre que inculpaba a mi pobre
humanidad.
Imagínense que tuve que sufrir todo el interrogatorio posterior de mi madre a ver si su
nene se había cuidado o no. Yo todo avergonzado respondía que si, que no se preocupara,
pero ninguna respuesta conformaba a mi madre que después del interrogatorio exhaustivo a
mi persona, comenzó a criticar a mi padre por haberme dejado hacer tal cosa, como si él
hubiese podido evitar tan dulce tentación, "mi gran debut".
Y... debuto, el nene debuto, y debuto, el nene debuto
PD: Esta historia es suavecita, si les interesa publicarla se les interesa publicarla en
su página se los agradecería.
Gracias
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