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Noche de Verano

Era de noche, hacía calor y estaba sola. No es muy agradable para una chica de recién cumplidos los 18 años estar sola en verano, cuando se supone que más se liga. Aquel verano prometía ser de lo más aburrido. Me habían quedado unas cuantas asignaturas y debía sacarlas adelante, pero no todo el tiempo debía pasarlo estudiando, tenía que salir y divertirme; aunque no quedaban amigos en la ciudad. El calor era amargante. Me senté delante de un libro, lo abrí e intenté estudiar.

La lámpara que iluminaba mi escritorio daba sobre mi brazo, así que pronto comencé a sentir más calor, y tuve que quitarme el top de lycra que llevaba. He de decir que, por aquellas fechas, tenía 18 años, medía sobre el 1'70 m y estaba bastante, ¡qué digo bastante! MUY buena. Mis medidas eran (y son) 95, 60, 90; y era muy raro cómo podía seguir siendo virgen pese a lo bien que estaba. Mi pelo es de color rubio oscuro, terminando las puntas en bucles que me quedan muy graciosos. Mis ojos son de color miel, tirando a verde...; vamos, que era más que apetecible. Aquel día, que no olvidaré, llevaba un top blanco de lycra muy ajustado, y unos pantalones muy cortos, que casi parecían unas braguitas, de color negro. Así que, debido al calor, terminó desapareciendo toda mi ropa excepto mi ropa interior, que era de color negro. Estaba tan aburrida que muy pronto mi mente se trasladó a otro lado; comencé a vagar por mis fantasías más íntimas, algo que hacía muy a menudo en cuanto podía.

Eran las 3 de la madrugada, cada vez me sentía más y más caliente, imaginando hombres que me follaban con ansia; y comencé a acariciarme, primero por encima de mi tanga, y después fui metiendo mi mano por dentro, comencé a tocarme poco a poco, se sentía super rico. Terminé por quitarme la ropa interior, quedándome desnuda con mis preciosas tetas al aire y mi suave coñito depilado y virgen muy mojadito. Me olvidé totalmente de mi libro, que seguía abierto, y de pronto me dí cuenta de que tenía las piernas abiertas de par en par. Necesitaba meterme algo, así que, mientras me seguía tocando, cogí un bolígrafo bastante grueso que tenía por allí encima y me lo metí por la vagina. 

Comencé a jadear ruidosamente, me tocaba y me tocaba sin parar, mientras movía el bolígrafo hacia adentro y afuera como si fuera una polla de verdad. Mi cuerpo se llenó de sensaciones placenteras, me imaginaba a mí misma chupando los miembros de extraños hombres, convirtiéndome en una putita imaginaria. Casi podía sentirlos gemir, casi podía sentirlos en mi boca, en mi coño, en mi culo, soñaba que me la metían por todas partes de mi cuerpo. De tanto imaginarme cosas había escapado de la realidad, y no podía escuchar los gritos de placer que salían de mi boca, y que yo no ahogaba ya que no era consciente de ellos.

De pronto se abrió la puerta, y me quedé fría. En el umbral estaba mi hermano con dos de sus mejores amigos. Me miró con cara de asombro, yo me morí de vergüenza y me tapé con lo primero que encontré, es decir, con mis propias manos. Por unos segundos nadie dijo nada, sólo nos mirábamos fijamente.

-Perdona...es que...escuchamos gritos y queríamos ver qué pasaba -dijo mi hermano Carlos intentando que no se notara que me estaba pegando un repasón de arriba a abajo. Yo no dije nada. La verdad era que no tenía ganas de hablar, al fin y al cabo me habían interrumpido; pero se me ocurrió una idea y comencé a maquinar rápidamente un plan para poder terminar lo que había empezado. 

-No sabía que tú también lo hicieras...-me dijo, como queriendo hacer un chiste

Sentí la mirada de los otros dos chicos sobre mi cuerpo, y el bulto que se asomaba tímidamente por sus pantalones. Me fijé en el de mi hermano, y me dí cuenta de que estaba inmenso, vamos, que lo tenía a punto de caramelo. Fui deslizando lentamente mis manos y ya quedé totalmente visible a su vista. Cerraron la puerta, tras disculparse nuevamente, y después sentí la puerta de la habitación de mi hermano cerrándose.

La casa estaba a oscuras, me levanté de mi asiento con mi coño aún mojado, y que otra vez se calentaba ante el morbo que me presentaba la situación. Ahora mi objetivo era hacer realidad mis fantasías eróticas.

Me puse en cuclillas y miré por la cerradura. Ví a los amigos de mi hermano, Luis y Javier, comentando lo buena que estaba yo; me sentí satisfecha al ver que Luis decía: "mira lo que me ha hecho la putita ésa" mientras señalaba su paquete evidentemente abultado. Comencé a tocarme de nuevo, y a meterme dos dedos por la vagina. De pronto me sobresalté y pensé: "¿dónde está mi hermano?".

Miré por la cerradura de nuevo, y no lo ví. Era obvio que no estaba en la habitación...¿dónde estaría?

Entoces, cuando me dí la vuelta para volver a mi habitación antes de ser sorprendida, ví a mi hermano mirándome fijamente; con su enorme polla en la mano. Se la estaba meneando mientras me miraba.

Me fui acercando. Él se la soltó por un momento, a lo mejor pensaba que yo me iba a escandalizar, pero sonrió al ver que yo se la hacía otra vez poner en la mano. Pareció comprender y se masturbó más fuerte, mientras me miraba con lujuria. Yo me senté en el suelo y él en una silla, en medio del pasillo. Mientras él se la meneba yo me iba acariciando para él, con una mano me penetraba y con otra me tocaba mis pezones erectos. De pronto se me ocurrió chupársela. Se veía tan rica que era toda una tentación, así que lo paré, y me metí lentamente en mis labios su glande, envolviéndolo con mi lengua. Carlos comenzó a gemir.

Los amigos de mi hermano salieron del otro cuarto, y se quedaron sorprendidos ante tales visiones. Pero no vacilaron en unirse a la fiesta. El primero fue Luis, que se bajó los pantalones, se sacó la polla, y comenzó a rozar su capullo por mi cuerpo. Javier fue algo más directo, me cogió en brazos y me llevó a la habitación, tirándome en la cama; los otros dos le siguieron, quitándose los tres toda la ropa y quedándose delante de mí.

-A ver, Diana.- dijo mi hermano - ¿con cuál de los tres quieres?
-Con los tres - contesté yo, dispuesta a formar una orgía.

Entonces los tres se subieron en la cama, y se pusieron a rozar sus lenguas contra mi cuerpo. En mi coño, mi clítoris se volvió tremendamente grande y duro, y Luis aprovechó para chuparme el coño en toda regla. Mi hermano se puso a meterme la polla en la boca como si fuera un biberón, y yo la chupé con fuerza; y mientras Javier se dedicaba a chupar mi culo como podía, provocándome un placer enorme. En la habitación sólo se escuchaban los chasquidos de las lenguas y los gemidos de placer que soltábamos. Un olor intenso, a hembra, invadió mi cuerpo, haciéndolo más apetecible; mis flujos hacía brillar toda mi entrepierna, me sentía resbalosa y excitada.

La polla de mi hermano se volvió enorme, quería sentir qué se sentía al tenerla dentro de mi coño, así que lo obligué a tumbarse en la cama boca arriba. Estaba tan tiesa que no me costó montarla....hummmmmmmmm...se sentía bien apretadito y muy rico. Comencé a moverme, mi hermano cerraba y abría los ojos mientras me tocaba las tetas. De repente setía algo por mi culito, que me quemaba. Me dí cuenta de que era el dedo de Javier.

-¿Te gusta, zorrita? - me dijo
-Sí - le contesté, como borracha del placer

No se hizo esperar la reacción. Por mi culo virgen entonces se deslizó, a toda rapidez, un enorme miembro. Pegué un grito ante el desgarro que me había provocado, aunque sus movimientos no se aplacaron, y siguieron siendo rápidos. Luis me puso su polla en mi boca para que me callara y mamara. Ahora era follada por todos los lados posibles, sentía placer y dolor a la vez, estaba aturdida, me sentía como una puta, pero me encantaba. Había sido lo que siempre había soñado.

Algo cálido invadió mi culo desgarrado. Javier gritaba y se corría. Sacó la polla de mi agujerito y me llenó las nalgas de leche. Le siguió mi hermano, que lo hizo completamente dentro de mí, a expresa petición mía. Luis fue el último, corriéndose en mi cara, llenándome de su leche todo el pelo y las tetas. Intentaba tragarme algo, pero me resbalaba por la comisura de los labios la mayoría.

Nos quedamos descansando y charlando un tiempo, cómodos por lo que habíamos hecho, que nos impedía tener vergüenza de estar desnudos, yo estaba completamente sucia, así que fui a darme una ducha. Sentí que los amigos de mi hermano se iban a sus casas, era tarde. Se despidieron de mí y me quedé sola en casa con Carlos.

Entró en el baño y se metió en la ducha conmigo. Comenzó a bromear mientras no cesaban los toqueteos mutuos. Cubrió mi cuerpo de jabón y luego me enjuagó mientras me besaba la espalda. No cesaba de repetir que tenía un culo y unas tetas de ensueño, y lo tiesa que se la ponía.Se puso de rodillas delante de mí y bajó la cabeza, quedando sus labios a la altura de mi chochito, y se dio a lamerlo.

Yo separé las piernas para que lo lamiera mejor, pero él subió, me agarró y me puso contra la pared, mientras me follaba con toda el ansia acumulada. El agua caliente pasaba por nuestros cuerpos, y yo me sentía una pequeña zorra que desde entonces iba a tener todo el placer que necesitara en el cuerpo y la polla de mi hermano.

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