EVA de ABRIL |
 |
SOL |
| |
Inteligente compulsivo sexual
Hay algo que he escondido, incluso para mis pensamientos y mi
espejo, durante años. Por supuesto que nunca se lo conté a nadie. Ni siquiera si hubiera
tenido sesiones de psicoanálisis, estoy seguro que no lo habría contado. Fue un periodo
aislado, atipico de mi sexualidad, avergonzante y muy placentero por otro lado.
errible y aberrante, pero del cual salí sin
saber por que, sin pensar que debía hacerlo y sin que hubiera aparecido ninguna nueva
circunstancia esclarecedora o modificatoria de mi conducta anterior. Vamos a los hechos.
Hay un perfil bien establecido de como fui siempre. Porque fue así. Conquistador,
seductor, siempre dispuesto y heterosexual obsesivo. Sin embargo, desde que tuve una
agotadora experiencia sexual con una mujer fuertemente ardiente y muy exigente y sin
limites para dar, hoy diría que era ninfomaníaca o una calentona con mucha polenta de 33
años en ese entonces (cuando contaba yo con 13 años menos que ahora. En ese instante
tuve el oscuro pensamiento que en la oscuridad podría jugar a mis escondidas
masturbaciones, pero la dulce y confiada joven mujer que estaba a mi lado me toma las
manos, una entrelazada por los brazos en el apoyo de las butacas pegadas y la otra que por
sobre su rodilla alcanza la mía y me deja sentado algo torcido, pero muy a gusto,
sintiendo por primera vez una piel tan sedosa y aterciopelada, como seguramente hay pocas
así.
Esa casual atadura impidiente de mis juegos
habituales fue suficiente, porque desde ese momento y hasta el presente en que una foto de
Internet me recordaron acerca de la masturbación. Nunca mas volví a pensar en ello.
¿Ahora pense las mujeres no se masturban el clítoris con el dedo mayor? Secuencia:
¿Como me masturbaba yo, cuando me agarro el entusiasmo de masturbarme? Y de allí esta
confesión, que creo que puedo entregar al infinito y anónimo mundo de la red, donde para
hacer saber de sexo cualquier excusa es valida. Y así he sido siempre: Si estoy
eufórico, tengo sexo para festejar; si estoy desanimado, para levantar el espíritu.
Establecí relaciones descartables: no hay sentimientos involucrados; pura y
exclusivamente lúdico o fisiológico. En realidad, esta adicción mía no es una
enfermedad en si misma, sino un síntoma de otros desequilibrios psicológicos. En la
mayoría de los casos, los adictos al sexo sentimos grandes vacíos de aventura en la vida
cotidiana e intentamos llenarlo por medio del placer físico teniendo relaciones eróticas
con muchas mujeres o... como se me ocurra.
Como nunca logro la sensación de saciedad,
me he mostrado siempre ansioso y en permanente actitud de conquista. Tal vez deba admitir
que el acto sexual es una especie de escape a la Tierra, un vuelo sin alas: mientras dura,
sirve para alejarse de la realidad, e incluso de mi mismo, al interrelacionarme
imtricadamente con una mujer. Pero tan pronto como el efecto tranquilizador del orgasmo
desaparece, vuelvo a angustiarme y a sentir que mi autoestima necesita mas desafíos...
Entonces, me lanzo tras una nueva conquista. Y el ciclo comienza de nuevo. Tal vez este no
sea un cuento erótico propiamente erótico, pero si, además de entretenerte te hace
pensar, romper mi secreto habrá valido de algo.
FIN
¿¿Quieres enviar tu historia??
|