"Con la niñera de mi hija estando una noche en el baño, después de haber
permanecido ahí durante un tiempo sospechosamente largo, comencé a pensar ciertas cosas.
Decidí espiar por el ojo dela cerradura y comprobar por mi mismo que sucedía, para mi
sorpresa estaba para frente al espejo mirando acariciando su pequeño gatito. Casi
hablándole. Me excito tanto que al principio no supe que hacer. Volví a la habitación y
apague las luces y me acoste en la cama, esperando que ella saliera. Mientras estaba
acostado ahí todavía podía ver su sexo peludo y los dedos que parecían tamborilear
sobre el. Me abrí el pantalón para que mi miembro se refrescara en la oscuridad. Trate
de hipnotizarla desde la cama, o por lo menos hacer que mi miembro la hipnotizara. Veni
acá puta, me repetía, y pone ese sexo sobre mi. Debe haber recibido el mensaje
inmediatamente, porque un instante después se abría la puerta y tanteaba en la oscuridad
para encontrar la cama. No dije una palabra, no hice el menor movimiento. Solo mantuve mi
mente fija en su sexo, que se movía silenciosamente en las tinieblas como un cangrejo..
Finalmente estuvo al lado de la cama. Ella tampoco dijo una palabra. Solamente se quedo
ahí silenciosa y cuando yo deslice mi mano entre sus piernas movió un poco su pie para
abrirlas. No creo que jamas haya tocado algo mas jugoso en mi vida. Era como un engrudo
corriendo por sus piernas y si hubiera tenido carteles hubiera podido pegar una docena o
mas. Después de unos momentos, tan naturalmente como una vaca inclina su cabeza para
pastar, ella se inclino y lo tomo en su boca. Le introduje cuatro dedos, frotándola hasta
sacarle espuma. La boca de ella esta llena y le jugo se le derramaba entre las piernas. No
dijimos una palabra. Solo un par de maníacos trabajando pacíficamente en la oscuridad,
como sepultureros. Era una paradisiaca manera de hacer el amor. "